danie
solo un pensamiento...
Éter de los cuerpos infectos y corrompidos
sepultados en los confines del olvido,
en la memoria misma sin legado
por los venablos de la ciencia
y la tecnología,
fatídicas fauces de un urbanismo
que desterró a la naturaleza divina.
Oh, dichosos son los gusanos que se alimentan
del defecado yerro de un mundo rendido,
del amor ultrajado por la mollera
de la humanidad y su trono profano
con escarnio vulgar
Así crece la comarca sin fronteras
entre los sueños evolucionados en pesadillas
y la pestilente emanación de la gélida faceta mortal.
El éter de sus cadáveres se propaga por el mundo
como la peste que arrasó con la arcaica
mueca de una nativa civilización.
Oigo a los apilonados cuerpos
implorar y gemir sobre los alambres corroídos
y sus buidas púas,
esas mismas que fueron forjadas
por las manos escépticas de los sueños
y las devotas codicias del hierro,
la gula misma y su riqueza.
¿Cuándo terminarán de acecharnos
las caóticas sombras de la envidia y la maldad?
¿Cuándo huiremos de este campo de concentración
qué construimos con nuestro propio labor?
¡Basta! Hermanos dejemos de excretar en la sangre
de nuestro hermano caído en la cruz,
dejemos de orinar en sus restos
para que la gracia se apiade
de nuestros enfermos cuerpos
y así por fin ablande el corazón
del déspota dictador
y su erudita ciencia de exterminio.
Ya puedo oler nuevamente el hedor ranció
que expelen las cámaras de gas,
los simientes de las bóvedas infectas
y sus catacumbas de desechos
Por lo menos tengo un consuelo,
un par de hermanos no sufrirán más
las agonías de estos tiempos.
sepultados en los confines del olvido,
en la memoria misma sin legado
por los venablos de la ciencia
y la tecnología,
fatídicas fauces de un urbanismo
que desterró a la naturaleza divina.
Oh, dichosos son los gusanos que se alimentan
del defecado yerro de un mundo rendido,
del amor ultrajado por la mollera
de la humanidad y su trono profano
con escarnio vulgar
Así crece la comarca sin fronteras
entre los sueños evolucionados en pesadillas
y la pestilente emanación de la gélida faceta mortal.
El éter de sus cadáveres se propaga por el mundo
como la peste que arrasó con la arcaica
mueca de una nativa civilización.
Oigo a los apilonados cuerpos
implorar y gemir sobre los alambres corroídos
y sus buidas púas,
esas mismas que fueron forjadas
por las manos escépticas de los sueños
y las devotas codicias del hierro,
la gula misma y su riqueza.
¿Cuándo terminarán de acecharnos
las caóticas sombras de la envidia y la maldad?
¿Cuándo huiremos de este campo de concentración
qué construimos con nuestro propio labor?
¡Basta! Hermanos dejemos de excretar en la sangre
de nuestro hermano caído en la cruz,
dejemos de orinar en sus restos
para que la gracia se apiade
de nuestros enfermos cuerpos
y así por fin ablande el corazón
del déspota dictador
y su erudita ciencia de exterminio.
Ya puedo oler nuevamente el hedor ranció
que expelen las cámaras de gas,
los simientes de las bóvedas infectas
y sus catacumbas de desechos
Por lo menos tengo un consuelo,
un par de hermanos no sufrirán más
las agonías de estos tiempos.