danie
solo un pensamiento...
Basado en los canticos de Dante Alighieri, De la divina comedia.
Introducción:
Dante busca a Beatriz, su amada Beatriz que yace en las profundidades del infierno
Golpeo las puertas, mi alma errante no busca piedad,
ni tampoco indulgencia; golpeo con mis manos inquietas
los respaldos de los sollozos ruegos, los muros divididos,
por los gritos, dolor y las subsistencias de las indigencias
Mi alma nómada está ansiosa por el asiento del Rey Minos,
mientras veo como deambulan las almas atenienses,
niños que desfilan directo a las fauces de las bestias,
tributos a las fieras de los nueve círculos de los lamentos
Las sombras me llaman, me incitan, ya quiero entrar,
me urgen sus compañías, me excita tu complacencia,
me acongoja pensar no poder compartir
los sueños de un mar plagiado por tus sentidos y delirios,
un mar muerto, sin esperanzas ni benevolencias;
la apatía es muy grande, la misericordia y el perdón no es conocido,
igual quiero entrar y acobijarme con tu espejismo...
Quiero bañarme en los cinco ríos de Hades
y pasear de tu mano por el tártaro,
quiero tener a un fiel guardián como cerbero a mi cuidado,
mientras tú acicalas mi cuerpo,
extraño tu linaje y tu morada, el gélido viento en la nuca,
de los suspiros de tu besos;
quiero compartir el humo del opio con los ángeles caídos,
mientras fumamos juntos en el olvido
El anhelo de lo prohibido se cumplirá,
con el sutil cantico de tu voz celestial;
Perséfone celosa estará y no nos dejara sucumbir en paz.
¡Visiones de un amor oscuro y perturbado ante los ojos ilustres!
La llave de tus cielos, abrirán el umbral,
ese muro de lamentos que no me deja pasar.
Ese muro que divide lo racional de lo irracional,
de lo concreto ante lo abstracto,
de lo benévolo a lo impío, de lo sublime de tu aura,
luz primordial, para este ente extinto por la carestía del alma
En mi entrada, me topare con las nauseabundas y fétidas lágrimas del Estigia,
sin antes no recorrer el Aqueronte, con el Caronte;
el me trasladara sin creses ni expensas,
aunque escaseé de óbolos de plata, me dirá:
¡bienvenido devuelta a tu humilde hogar, se te extraño, tu estirpe te espera!
Y cuando esté en mi hogar descansare en un mar de plañidos, llantos y quejas.
Ahí finalmente yaceré plenamente en la pena y el dolor de los brazos del Cocito,
acariciando tu cuerpo; sobre la mirada triste de Plutón, cubierto por los velos de tu belesa diré por fin estoy en casa, ya estoy, con mi amor y mi completa entereza
Introducción:
Dante busca a Beatriz, su amada Beatriz que yace en las profundidades del infierno
Golpeo las puertas, mi alma errante no busca piedad,
ni tampoco indulgencia; golpeo con mis manos inquietas
los respaldos de los sollozos ruegos, los muros divididos,
por los gritos, dolor y las subsistencias de las indigencias
Mi alma nómada está ansiosa por el asiento del Rey Minos,
mientras veo como deambulan las almas atenienses,
niños que desfilan directo a las fauces de las bestias,
tributos a las fieras de los nueve círculos de los lamentos
Las sombras me llaman, me incitan, ya quiero entrar,
me urgen sus compañías, me excita tu complacencia,
me acongoja pensar no poder compartir
los sueños de un mar plagiado por tus sentidos y delirios,
un mar muerto, sin esperanzas ni benevolencias;
la apatía es muy grande, la misericordia y el perdón no es conocido,
igual quiero entrar y acobijarme con tu espejismo...
Quiero bañarme en los cinco ríos de Hades
y pasear de tu mano por el tártaro,
quiero tener a un fiel guardián como cerbero a mi cuidado,
mientras tú acicalas mi cuerpo,
extraño tu linaje y tu morada, el gélido viento en la nuca,
de los suspiros de tu besos;
quiero compartir el humo del opio con los ángeles caídos,
mientras fumamos juntos en el olvido
El anhelo de lo prohibido se cumplirá,
con el sutil cantico de tu voz celestial;
Perséfone celosa estará y no nos dejara sucumbir en paz.
¡Visiones de un amor oscuro y perturbado ante los ojos ilustres!
La llave de tus cielos, abrirán el umbral,
ese muro de lamentos que no me deja pasar.
Ese muro que divide lo racional de lo irracional,
de lo concreto ante lo abstracto,
de lo benévolo a lo impío, de lo sublime de tu aura,
luz primordial, para este ente extinto por la carestía del alma
En mi entrada, me topare con las nauseabundas y fétidas lágrimas del Estigia,
sin antes no recorrer el Aqueronte, con el Caronte;
el me trasladara sin creses ni expensas,
aunque escaseé de óbolos de plata, me dirá:
¡bienvenido devuelta a tu humilde hogar, se te extraño, tu estirpe te espera!
Y cuando esté en mi hogar descansare en un mar de plañidos, llantos y quejas.
Ahí finalmente yaceré plenamente en la pena y el dolor de los brazos del Cocito,
acariciando tu cuerpo; sobre la mirada triste de Plutón, cubierto por los velos de tu belesa diré por fin estoy en casa, ya estoy, con mi amor y mi completa entereza
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