Agustín Nicolás
"El recuerdo es el idioma de los sentimientos"
Caminata nocturna
Solo estoy y no me quejo;
disfruto el estar a solas,
caminando de noche entre sombras
alumbrado por algún farol viejo;
escuchando el soplo de los pinos,
ansiando perderme a lo lejos
en el extenso campo azulejo
siguiendo el terroso camino;
deseando que el alba se retrase
para que nadie logre verme,
sentarme rato largo en el verde
y el infinito firmamento me abrace...
Las estrellas se rozan con las luces de las casas
que, hundidas en el horizonte, brillan argentadas;
titilan algunas molestadas por el monte,
las hojas se empapan en plata
zarandeándose embriagadas;
el búho tácito ulula,
los teros lejos se hacen oír,
congojado debo partir,
mi aposento me espera.
¡Ojalá aquí por siempre pudiese vivir
Y para siempre de noche se quede el mundo;
morir y que acá me entierren,
morir y que mi alma nocturna merodee
amnésica a la pasada carne,
sin noción, solo sentir!
Solo estoy y no me quejo;
disfruto el estar a solas,
caminando de noche entre sombras
alumbrado por algún farol viejo;
escuchando el soplo de los pinos,
ansiando perderme a lo lejos
en el extenso campo azulejo
siguiendo el terroso camino;
deseando que el alba se retrase
para que nadie logre verme,
sentarme rato largo en el verde
y el infinito firmamento me abrace...
Las estrellas se rozan con las luces de las casas
que, hundidas en el horizonte, brillan argentadas;
titilan algunas molestadas por el monte,
las hojas se empapan en plata
zarandeándose embriagadas;
el búho tácito ulula,
los teros lejos se hacen oír,
congojado debo partir,
mi aposento me espera.
¡Ojalá aquí por siempre pudiese vivir
Y para siempre de noche se quede el mundo;
morir y que acá me entierren,
morir y que mi alma nocturna merodee
amnésica a la pasada carne,
sin noción, solo sentir!