CAMINANTE SIN PERRO
Trigos en fase de esperanza se ofrecen al agua nueva
Apenas un sol y el buey antiguo para que sigan los tiempos
Mis pasos resuenan sin la sombra de su eco por la vacía calleja
La luna me deja la lenidad de su luz como un esperma infértil
y algún perro aúlla junto al ganado que duerme.
Hubo aquí un incendio un día y los pájaros volaron
Hubo en tí una mirada ausente y mataste al ruiseñor
La campana del reloj me deja en herencia sus horas
-ahora son horas mías y una será
la última hora que habitará mi cuerpo-
Descarriado en la noche busco el elixir dorado
que me devuelva al camino que conduce a las espigas
o a las feroces ortigas que laceran tu cuerpo núbil
oh pequeña lagartija
Duermo una noche más bajo la encina preñada
cientos de pequeños frutos que nunca serán soldados
me agasajan con sus canciones de bardo
Y el arroyuelo lácteo poderoso en su silencio
acaricia mis pies llagados de caminante sin perro
Estrellas desvencijadas se prodigan entre ramas asustadas
por mi presencia de hombre.
Qué duro es habitar como un fluído
entre las rocas solemnes
Qué duro perder el rumbo cuando la lluvia es más recia.
Asísteme pequeña mía dejame usar tus ojos hasta llegar a la cima
Después obra el milagro y transfórmate en rutilante lagarto
donde el sol en mí encarnado juegue en tu caleidoscopio.
Mis pasos siguen sin eco en las callejas adustas
donde las casas de piedra bostezan su pereza secular.
Ilust.: Caminante sobre un mar de nubes. Caspar David Friedrich. 181
Trigos en fase de esperanza se ofrecen al agua nueva
Apenas un sol y el buey antiguo para que sigan los tiempos
Mis pasos resuenan sin la sombra de su eco por la vacía calleja
La luna me deja la lenidad de su luz como un esperma infértil
y algún perro aúlla junto al ganado que duerme.
Hubo aquí un incendio un día y los pájaros volaron
Hubo en tí una mirada ausente y mataste al ruiseñor
La campana del reloj me deja en herencia sus horas
-ahora son horas mías y una será
la última hora que habitará mi cuerpo-
Descarriado en la noche busco el elixir dorado
que me devuelva al camino que conduce a las espigas
o a las feroces ortigas que laceran tu cuerpo núbil
oh pequeña lagartija
Duermo una noche más bajo la encina preñada
cientos de pequeños frutos que nunca serán soldados
me agasajan con sus canciones de bardo
Y el arroyuelo lácteo poderoso en su silencio
acaricia mis pies llagados de caminante sin perro
Estrellas desvencijadas se prodigan entre ramas asustadas
por mi presencia de hombre.
Qué duro es habitar como un fluído
entre las rocas solemnes
Qué duro perder el rumbo cuando la lluvia es más recia.
Asísteme pequeña mía dejame usar tus ojos hasta llegar a la cima
Después obra el milagro y transfórmate en rutilante lagarto
donde el sol en mí encarnado juegue en tu caleidoscopio.
Mis pasos siguen sin eco en las callejas adustas
donde las casas de piedra bostezan su pereza secular.
Ilust.: Caminante sobre un mar de nubes. Caspar David Friedrich. 181