Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
La calle es un eco de pasos no dados,
un rumor de relojes que olvidaron el tiempo,
parpadeo de faroles en arterias de asfalto,
como si el mundo fuese un párpado cerrado
y todo lo demás una conspiración de la niebla.
Alguien dijo que la sombra es la memoria del cuerpo,
pero en la penumbra todo es verbo sin voz,
huella sin peso, un bostezo de luz que se pierde
en la lentitud de los días sin nombre.
El viento aúlla teorías al oído de la noche,
las esquinas arrastran voces que nadie pronunció,
y sin embargo, todo ocurre,
todo se repite en un bucle de sombras largas,
porque el tiempo, como el miedo,
aprendió a caminar en círculos.
Y yo,
habitante de los intersticios,
un latido más en la constelación del silencio,
espero.
un rumor de relojes que olvidaron el tiempo,
parpadeo de faroles en arterias de asfalto,
como si el mundo fuese un párpado cerrado
y todo lo demás una conspiración de la niebla.
Alguien dijo que la sombra es la memoria del cuerpo,
pero en la penumbra todo es verbo sin voz,
huella sin peso, un bostezo de luz que se pierde
en la lentitud de los días sin nombre.
El viento aúlla teorías al oído de la noche,
las esquinas arrastran voces que nadie pronunció,
y sin embargo, todo ocurre,
todo se repite en un bucle de sombras largas,
porque el tiempo, como el miedo,
aprendió a caminar en círculos.
Y yo,
habitante de los intersticios,
un latido más en la constelación del silencio,
espero.