César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Para Beirut.
Caminaba. O no, destilaba proximidad de la noche por los oídos… no sé bien. Dormía cuando andaba. O sí. Era la respiración acompasada. La falta de consciencia, especie de blanco negro (tal vez no sea asunto de colores sino de descanso de las presencias). Ese agujero con paredes livianas. La cocina el baño comedor el lavandero, andaba. Echado al regreso, como nunca andan los ratones.
Y entonces el sobresalto blanco: fortísima brisa iridiscente que atraviesa la carne el sueño la vida, y se la lleva, con los poemas, con la labor de mañana, hacia eso. El eso. Coro indefinible del que ya no. Nosoy, noabrolavoz, nonada, sinada. Le dicen negro, pero tal vez no fue asunto de colores, sino dolor repentino que ni siquiera permitió gritar antes de llevarse el agua, los minerales, electrones, neutrinos quarks. El estruendo llegó luego (el sonido es lento) cuando ya no quedaba nada qué quemar-se.
Caminaba porque tenía que. Tan cerca de la irresponsabilidad de quien y de quien y de quien y de quien y de quien. La vida se vio despegada de su cuerpo en el sueño deseado incumplido. Quebrada en micras sin oportunidad de ser líquidas en un estallido; cuando vino a por los tímpanos, no quedaban, se habían ido.
Solo andaba, peligrosamente, sin darse cuenta (asuntos del cansancio presente y futuro… la confianza, la idiotez del mundo) peligrosamente brazo relajado (nunca fue un asunto de colores, sino de destructuras) peligrosamente, ni tiempo para lágrimas.
Y ocurrió. Ahora todo el mundo lo sabía. Pero anoche, anoche solo quería dormir luego de la labor sudor fatiga afán, llámelo como quiera. Mientras usted lo llama, el quien sigue en su mansión de los suburbios llenando arcas –ya se urdirá la excusa pagada que libere-
Andaba hace un segundo. Ni siquiera hubo tiempo de doler. Ahora es nada, Nada y humo.
César Guevara
¡Fuerza, Beirut!
Agosto cinco, 2020.
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