Tamar
Poeta adicto al portal
En el mundo de Camila
la luna es menos altiva,
se sienta a charlar con ella
de tristeza y otras recetas;
le cuenta que en una caja
hay cuatro puntos de vista,
y Camila da la vuelta
y sueña que no hay estrellas.
Es que a veces le estorbaban,
prefería el cielo cual playa,
sólo una voz le recuerda
que el cielo no da la espalda.
En el mundo de Camila,
la playa es muy pequeña,
se seca y pinta la arena,
se llena y vuelve a ser niña.
Hay barcos que nunca vuelven,
abren los ojos y se pierden,
y no hay rescate porque ellos,
se vuelven mar con el tiempo.
En el mundo de Camila,
el miedo es un blanco fácil,
que discute con las balas,
y se equivoca en la tinta.
Poco importan los enigmas,
poco menos, las traiciones;
al final en el olvido,
todo se vuelve canciones.
Ahora Camila sueña
con ritmos que desesperan,
se despierta y se da cuenta
que nunca estuvo dormida.
En el mundo de Camila,
queda lejos la salida
la luna es menos altiva,
se sienta a charlar con ella
de tristeza y otras recetas;
le cuenta que en una caja
hay cuatro puntos de vista,
y Camila da la vuelta
y sueña que no hay estrellas.
Es que a veces le estorbaban,
prefería el cielo cual playa,
sólo una voz le recuerda
que el cielo no da la espalda.
En el mundo de Camila,
la playa es muy pequeña,
se seca y pinta la arena,
se llena y vuelve a ser niña.
Hay barcos que nunca vuelven,
abren los ojos y se pierden,
y no hay rescate porque ellos,
se vuelven mar con el tiempo.
En el mundo de Camila,
el miedo es un blanco fácil,
que discute con las balas,
y se equivoca en la tinta.
Poco importan los enigmas,
poco menos, las traiciones;
al final en el olvido,
todo se vuelve canciones.
Ahora Camila sueña
con ritmos que desesperan,
se despierta y se da cuenta
que nunca estuvo dormida.
En el mundo de Camila,
queda lejos la salida
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