Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Callar, o no
tomar la voz
o la palabra
para escribir o pronunciar un verso
que pensamos es verso
Aunque no cumpla reglas
ni sumiso a las normas...
se declare poesía
Callar, o no
Dejar que afloren los temores
a las miradas frías
que esperan que el silencio
solamente se rompa
para estibar palabras
que se ajusten al modo
que hicieron las costumbres
que las llaman poesía
Callar, o no
Dejar que la mirada
se vuelva vieja y muda
silenciosa y solemne
de todo lo que mira
Y que la voz del alma
se limite a algún beso
musitado en silencio
en una noche tibia
Encarcelando al ángel
de la cítara impía
que quiere hablarle al viento
celebrando a la vida
Callar... o no
Dejar que el mundo goce
sólo vastos silencios
y breves armonías
Excluyendo a las voces
tempestuosas, traviesas
que cuentan a su modo
con sus letras adversas
las penas y alegrías
Callar... o no
Dejar pobre a la vida
Como si nuestra huella
no tuviera en su senda
amaneceres locos
e hirientes despedidas
Como si del martirio,
del naufragio, surgieran
sólo ecos redondos
sobre empedrada vía
Callar... o no
Ceder ante el ultraje
que nos declara ajenos
igual que en tantas cosas
que no nos piensan buenos
Que nos piensan indignos
descastados
y ajenos
Hablar...
Tomar la pluma loca
y usando nuestra boca
cobijar nuestro invierno
Que nada es tan tierno
como decirle al otro...
algo más, de lo poco
que no se volvió infierno
Hablar
Investir al poeta
que surge de la grieta
que no habita en rotondas
de elogios a una lengua
Humanidad desnuda...
Viento lleno de cuerpos
Afanosos, umbríos
bebedores de penas
hambrientos de amoríos
Padres de ese otro canto
que entre risas y llantos
se simula murmullo
presuroso de puertas
¿Callar... o no?
¡No!
Que no reine el silencio
Que se llene la vida
de presuntos poetas
intentando poesía
Si no alcanzan la gloria...
sí alimentan la vida.
tomar la voz
o la palabra
para escribir o pronunciar un verso
que pensamos es verso
Aunque no cumpla reglas
ni sumiso a las normas...
se declare poesía
Callar, o no
Dejar que afloren los temores
a las miradas frías
que esperan que el silencio
solamente se rompa
para estibar palabras
que se ajusten al modo
que hicieron las costumbres
que las llaman poesía
Callar, o no
Dejar que la mirada
se vuelva vieja y muda
silenciosa y solemne
de todo lo que mira
Y que la voz del alma
se limite a algún beso
musitado en silencio
en una noche tibia
Encarcelando al ángel
de la cítara impía
que quiere hablarle al viento
celebrando a la vida
Callar... o no
Dejar que el mundo goce
sólo vastos silencios
y breves armonías
Excluyendo a las voces
tempestuosas, traviesas
que cuentan a su modo
con sus letras adversas
las penas y alegrías
Callar... o no
Dejar pobre a la vida
Como si nuestra huella
no tuviera en su senda
amaneceres locos
e hirientes despedidas
Como si del martirio,
del naufragio, surgieran
sólo ecos redondos
sobre empedrada vía
Callar... o no
Ceder ante el ultraje
que nos declara ajenos
igual que en tantas cosas
que no nos piensan buenos
Que nos piensan indignos
descastados
y ajenos
Hablar...
Tomar la pluma loca
y usando nuestra boca
cobijar nuestro invierno
Que nada es tan tierno
como decirle al otro...
algo más, de lo poco
que no se volvió infierno
Hablar
Investir al poeta
que surge de la grieta
que no habita en rotondas
de elogios a una lengua
Humanidad desnuda...
Viento lleno de cuerpos
Afanosos, umbríos
bebedores de penas
hambrientos de amoríos
Padres de ese otro canto
que entre risas y llantos
se simula murmullo
presuroso de puertas
¿Callar... o no?
¡No!
Que no reine el silencio
Que se llene la vida
de presuntos poetas
intentando poesía
Si no alcanzan la gloria...
sí alimentan la vida.
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