Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Calaña
De latidos intervalos
nacen los malos segundos;
quebrada está la sangre,
y quebrados los conjuntos.
La cárcel de mis males
en lúcidas paredes habla,
son voces de hora exacta
suicidio los momentos del asunto.
Llegaste tarde y ya soy viejo.
Cuánto tiempo a la espera
en te esperaba…
Te esperaba a las en punto.
Mi cabaña ya no aguanta,
el campo ya no es verde,
los pájaros no cantan,
las ansias ánimas endebles.
No preguntes que hago ahora.
En este bosque tan sombrío
estoy en paz con migo mismo,
y esas muertes que me dejas
son la vida… y son su abrigo.
El frío recorre por mis huesos
que se visten de la piel enajenada.
Miro las arrugas del espejo;
veo en mí la mala hiel,
y tu dulce miel queda tan lejos
que unas garras en corcel
trotan fuerte y levantan polvo.
Queda etéreo en el recuerdo
cuando esas uñas afiladas
caen sobre lágrimas del ser;
y aquel almíbar que lo fue,
en vinagre me lo arrancan
negras nubes ionizadas
satisfecho el nublo incierto,
con la carne insípida carbonizada,
y de calaña asentimiento.
Vuelvo a la caverna con mi fama,
y fuera en calma un cielo ruge
hacia dentro que no hay nada;
ni helor de hechizo embruje,
ni albor de una mañana.
Mis cabellos son largos,
mis palabras gastadas,
mi mirada un divago,
de los pies… unas patadas.
La boca hacia dentro mueca,
y mis manos ásperas y ajadas,
en telares de clave hueca
escriben en pared al viento…
Se abrió la herida y sangró la sangre,
corrió cautiva por suelo inflexo;
soy cara pálida y fui piel roja,
piensan las muertes en sus cabañas:
“seco el olivo, todo se moja,
pobres los vivos… por lo que notan”
Calaña mía,
te recuerdo llena de vida;
ahora estoy muerto,
y aún hay calaña que arde
en los ojos que me observan.
Terrón entre los huertos,
espanto del terror en que se alejan
son cobardes que se esquivan,
y no soportan la hora en punto.
Se dilatan a la espera de otros tiestos,
tiempo en nichos de pelo y uña enhiestos
sienten los pulsos la piel de lo difunto;
y de calaña en flor dispuesta,
aromas mezcla de hedor primero,
después las rosas y otras almendras
adornan farsas toda la piedra.
Los piensos pasan como los tiempos,
somos la nada sobre lo todo;
somos calaña como aquel viejo
que tan profundo quedó en el sueño;
de lo carnal qué importa el modo,
y en realidad… la calidad es lo de menos.
Somos mordido calcañar,
mandíbula calcárea incrustada;
vapor de la calaña,
y la calaña va por dentro.
Un jardín con sus colores
pasa ante nuestros ojos;
es un dulce aroma en lo joven,
es un rito cierto por lo viejo.
Arco Iris debe a un sol su lucimiento;
terremoto gotas de agua cuerpo del reflejo,
de la carne resplandor…
De la idea su epicentro,
calaña soy… y calaña siento.
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