Hotarubi
Poeta recién llegado
Exiliada del Edén
las cuerdas del shibari se tensan
como esos dedos que se estiran por tocarse,
siendo los estertores de una soga
a punto de romperse
la osteonecrosis espontánea del existir.
Mi pulso, un muelle deformado.
Cadáver
.
En
.
El
.
Universo.
Buceando entre la acústica de las constelaciones
advierto del egocentrismo humano,
no hay reloj que cuantifique
la gravedad de los sucesos,
nada influye en lo incorpóreo.
Libre, como los faroles de papel que alumbran la despedida
sin tener que comprimir
mis órganos en un canopo,
se vuelca la dulzura del Merlot,
Caronte celebra conmigo que ya no hay mañana para sentir vergüenza.
Quizá esté en la reminiscencia de un perfume
quizá esté en la proyección de tu reflejo
quizá en el gemir intenso del amor
o quizá no sea nada.
No hay juego de máscaras
donde no hay rostros,
allí, donde los zapatos
quedaron sin dueño
con los cordones aún sin atar
deja su armazón un nombre,
para ser eterno.
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