rodrigotoro
Poeta adicto al portal
8va parte: Lasciate ogni speranza, voi ch´entrate
El número de las atacantes era considerable. Calculando someramente pudieron contar una cincuentena. Sir Jop desenvainó. El escudo de la lluvia resopló poderoso levantando considerable arena. Aprovechando la parcial cortina Elmenor extrajo el arco y disparó varias flechas sobre la posición de su enemigo; Al tocar el suelo cientos de arcoíris saltaban en todas direcciones generando cascadas de luces de tonos rosas y amarillos plateados; finalmente Las sirenas amazonas retrocedieron.
El camino estuvo despejado. Los caballeros se maravillaron del poder de sus armas, e íntimamente agradecieron la ayuda de Ali, Francisco y Agua
-por ahora estamos bien, pero ha sido demasiado fácil... creo que es una trampa.
-¿está seguro Sir Jop?- caminaron. A los pocos minutos apareció frente a su vista un valle rocoso de altas y pronunciadas crestas. Y en su interior, en parte escondida por abundante vegetación, la mentada laguna de las sirenas. Era ovalada y de enormes dimensiones. Unas criaturas aladas que recordaban albatros, pero con cabeza de pez y alas de murciélago revoloteaban sobre sus aguas; el oleaje era casi imperceptible, como si sus aguas azules satinadas con tonos verdosos y blancos estuviesen dibujadas; mucho coral, y numerosas algas con espinas y pétalos que recordaban rosas surrealistas descansaban sobre las blancas arenas en sus orillas.
Era un lugar extraño, pero imbuido de una atmosfera de ensueño
Estaban algo distraídos admirando el paisaje cuando una risa sardónica se escuchó. Al oírla, una descarga de corriente recorrió sus fibras nerviosas
Recompuestos, los expectantes hombres avanzaron con precaución. Al transcurrir algunos minutos de incertidumbre una delicada y trémula voz de mujer se escuchó. Primero los tímpanos, y luego todo el cerebro comenzó a tamborilear en ellos. Era una suave canción de agudos tonos y escalados acordes vocales
Sir Jop reconoció aquél embrujo auditivo: era el canto de Marcela, la dama del lago. Trató de pensar una salida muchos hombres perdían la razón ante el embate de esas melodiosas arias.
Levantó la defensa del escudo del viento. Nuevamente las ondas invisibles formaron una cúpula sobre sus cuerpos. Desgraciadamente, y contra todo pronóstico, el campo de fuerza fluctuó y comenzó a perder fuerza poco a poco. Elmenor disparó una flecha, pero la trayectoria de la saeta se volvió errática y termino por desaparecer en el aire.
-..¡¿qué sucede Caballeros, los juguetes de los amos de los elementos no sirven?!...¿Acaso créen que el tenue brillo de la hija de la luna, o los insignificantes trucos de Mejía representan algo para mí?....¡están en mis dominios ahora: y ésta laguna será su tumba!-la imagen de una mujer con cola de pez y ojos azules como el mar mismo se hizo visible sobre el agua levitando a centímetros de su superficie. Junto a ella Ceu, quien sonreía complacida y cruelmente.
Sir Jop desenfundó la espada de la lluvia y avanzo. Lo hacía con los ojos cerrados. De las palmas de Ceu brotaron numerosas botellas de vino: con impecable malabarismo las hizo danzar en el aire retornando elípticamente a sus manos al cabo de unos segundos las arrojó sobre los caballeros. La lluvia de botellazos y la melodía de la sirena continuaron castigando a Sir Jop y Elmenor. La situación era comprometida. Uno de los proyectiles de vidrio rozó la cabeza del Caballero. Las flechas del arco de la luna se comenzaban a desintegrar apenas salían disparadas.
Entonces a la mente de Sir Jop vino la imagen de Yolanda. Y vio unos dulces ojos zafíricos mirarle con ternura y amor infinitos y una idea cruzo su mente: le entregó el escudo del viento a Elmenor, tomo el arco en su mano izquierda, la espada en la derecha, y usando como flecha ésta última tensó la cuerda y disparo al cielo .al cruzar el aire y elevarse la elegante arma de hoja de doble filo formó intensos y concentrados cúmulos ..y una intensa lluvia comenzó a caer. Pero no se trataba solamente de gotas de agua, sino de pequeñas partículas de viento y agua que en si encerraban el poder de un huracán.
Al impactar las aguas de la laguna se producían violentas explosiones, como el choque de agua y aceite en una sartén. Dada la naturaleza y fuerza de semejante precipitación Ceu y Marcela retrocedieron. Pero era tarde: el poder del viento y de la lluvia les impactaba también a ellas directamente con la fuerza de una cascada. Las botellas de vino en manos de la reina de los bosques se desintegraron finalmente.
Temporalmente derrotadas se desaparecieron .
Pero el mal no terminaba de mover sus piezas: y una inmensa cantidad de fuego se extendió por todos lados. Las llamas desintegraban la fuerza de la lluvia.
Inferno, protegida por un campo flamígero, les atacaba desde la entrada al valle donde estaba la laguna. El calor era inmenso. Elmenor tomo entonces un puñado de arena y lo arrojó sobre Inferno: y al contacto con el aire y las gotas de viento y lluvia los granos se metamorfosearon en lágrimas de cristal. Ante la contundente embestida de aquella munición el ángel del infierno replegó sus alas rojas y se desmaterializo
La lluvia cesó entonces.
La espada que Mejía le obsequiase, regalo de Agua, apareció clavada en el suelo junto a ellos.
Agotados por el duro combate ambos se dejaron caer de rodillas en el suelo.
Al enterrarse sus dedos en la arena, y sentir la textura áspera y juguetona de aquellos granitos pudieron sentir una paz muy grande
-¿estás bien Elmenor?
-creo que una botella me pegó en una rodilla, pero no es nada ¿y Ud. Sir Jop?
-por mí no te preocupes. Ahora debemos seguir: el día avanza. Hay que salir de la zona de la laguna antes del anochecer ..
El número de las atacantes era considerable. Calculando someramente pudieron contar una cincuentena. Sir Jop desenvainó. El escudo de la lluvia resopló poderoso levantando considerable arena. Aprovechando la parcial cortina Elmenor extrajo el arco y disparó varias flechas sobre la posición de su enemigo; Al tocar el suelo cientos de arcoíris saltaban en todas direcciones generando cascadas de luces de tonos rosas y amarillos plateados; finalmente Las sirenas amazonas retrocedieron.
El camino estuvo despejado. Los caballeros se maravillaron del poder de sus armas, e íntimamente agradecieron la ayuda de Ali, Francisco y Agua
-por ahora estamos bien, pero ha sido demasiado fácil... creo que es una trampa.
-¿está seguro Sir Jop?- caminaron. A los pocos minutos apareció frente a su vista un valle rocoso de altas y pronunciadas crestas. Y en su interior, en parte escondida por abundante vegetación, la mentada laguna de las sirenas. Era ovalada y de enormes dimensiones. Unas criaturas aladas que recordaban albatros, pero con cabeza de pez y alas de murciélago revoloteaban sobre sus aguas; el oleaje era casi imperceptible, como si sus aguas azules satinadas con tonos verdosos y blancos estuviesen dibujadas; mucho coral, y numerosas algas con espinas y pétalos que recordaban rosas surrealistas descansaban sobre las blancas arenas en sus orillas.
Era un lugar extraño, pero imbuido de una atmosfera de ensueño
Estaban algo distraídos admirando el paisaje cuando una risa sardónica se escuchó. Al oírla, una descarga de corriente recorrió sus fibras nerviosas
Recompuestos, los expectantes hombres avanzaron con precaución. Al transcurrir algunos minutos de incertidumbre una delicada y trémula voz de mujer se escuchó. Primero los tímpanos, y luego todo el cerebro comenzó a tamborilear en ellos. Era una suave canción de agudos tonos y escalados acordes vocales
Sir Jop reconoció aquél embrujo auditivo: era el canto de Marcela, la dama del lago. Trató de pensar una salida muchos hombres perdían la razón ante el embate de esas melodiosas arias.
Levantó la defensa del escudo del viento. Nuevamente las ondas invisibles formaron una cúpula sobre sus cuerpos. Desgraciadamente, y contra todo pronóstico, el campo de fuerza fluctuó y comenzó a perder fuerza poco a poco. Elmenor disparó una flecha, pero la trayectoria de la saeta se volvió errática y termino por desaparecer en el aire.
-..¡¿qué sucede Caballeros, los juguetes de los amos de los elementos no sirven?!...¿Acaso créen que el tenue brillo de la hija de la luna, o los insignificantes trucos de Mejía representan algo para mí?....¡están en mis dominios ahora: y ésta laguna será su tumba!-la imagen de una mujer con cola de pez y ojos azules como el mar mismo se hizo visible sobre el agua levitando a centímetros de su superficie. Junto a ella Ceu, quien sonreía complacida y cruelmente.
Sir Jop desenfundó la espada de la lluvia y avanzo. Lo hacía con los ojos cerrados. De las palmas de Ceu brotaron numerosas botellas de vino: con impecable malabarismo las hizo danzar en el aire retornando elípticamente a sus manos al cabo de unos segundos las arrojó sobre los caballeros. La lluvia de botellazos y la melodía de la sirena continuaron castigando a Sir Jop y Elmenor. La situación era comprometida. Uno de los proyectiles de vidrio rozó la cabeza del Caballero. Las flechas del arco de la luna se comenzaban a desintegrar apenas salían disparadas.
Entonces a la mente de Sir Jop vino la imagen de Yolanda. Y vio unos dulces ojos zafíricos mirarle con ternura y amor infinitos y una idea cruzo su mente: le entregó el escudo del viento a Elmenor, tomo el arco en su mano izquierda, la espada en la derecha, y usando como flecha ésta última tensó la cuerda y disparo al cielo .al cruzar el aire y elevarse la elegante arma de hoja de doble filo formó intensos y concentrados cúmulos ..y una intensa lluvia comenzó a caer. Pero no se trataba solamente de gotas de agua, sino de pequeñas partículas de viento y agua que en si encerraban el poder de un huracán.
Al impactar las aguas de la laguna se producían violentas explosiones, como el choque de agua y aceite en una sartén. Dada la naturaleza y fuerza de semejante precipitación Ceu y Marcela retrocedieron. Pero era tarde: el poder del viento y de la lluvia les impactaba también a ellas directamente con la fuerza de una cascada. Las botellas de vino en manos de la reina de los bosques se desintegraron finalmente.
Temporalmente derrotadas se desaparecieron .
Pero el mal no terminaba de mover sus piezas: y una inmensa cantidad de fuego se extendió por todos lados. Las llamas desintegraban la fuerza de la lluvia.
Inferno, protegida por un campo flamígero, les atacaba desde la entrada al valle donde estaba la laguna. El calor era inmenso. Elmenor tomo entonces un puñado de arena y lo arrojó sobre Inferno: y al contacto con el aire y las gotas de viento y lluvia los granos se metamorfosearon en lágrimas de cristal. Ante la contundente embestida de aquella munición el ángel del infierno replegó sus alas rojas y se desmaterializo
La lluvia cesó entonces.
La espada que Mejía le obsequiase, regalo de Agua, apareció clavada en el suelo junto a ellos.
Agotados por el duro combate ambos se dejaron caer de rodillas en el suelo.
Al enterrarse sus dedos en la arena, y sentir la textura áspera y juguetona de aquellos granitos pudieron sentir una paz muy grande
-¿estás bien Elmenor?
-creo que una botella me pegó en una rodilla, pero no es nada ¿y Ud. Sir Jop?
-por mí no te preocupes. Ahora debemos seguir: el día avanza. Hay que salir de la zona de la laguna antes del anochecer ..