Blanche
Poeta recién llegado
Buscando la Eternidad
Eternidad, palabra poderosa y misteriosa, talvez su imponencia radica en ello mismo, en el enigma que encierra, todos nos preguntamos en algún momento de nuestra vida que debemos hacer para que nuestro recuerdo perdure para siempre en la memoria de todos los hombres, que debemos lograr para hacernos eternos
Para Elena solo existía una manera: la fama y el éxito, ella se decía así misma que si lograba hacer algo verdaderamente asombroso su nombre permanecería vivo a lo largo de las épocas, al igual que el nombre de todos aquellos artistas, héroes, inventores y celebridades que han vivido a lo largo del tiempo
Elena se esforzaba mucho por alcanzar sus sueños, pero a pesar de todo su empeño, ella sentía que cada hora de su vida era como una hoja blanca que ella no hacia nada más que rayar y tirar a la basura. No se porque se le ocurrió esta analogía, pero un día que platicábamos, ella me comento esto, en un arranque de su alma, y casi susurrando me dijo:
- Desde que nacemos están escritos los años, meses, días y horas que vamos a vivir, todos tenemos un tiempo limite en esta tierra, es como si nos regalaran un gran manojo de hojas blancas, y nos permitieran hacer con ellas lo que queramos, podemos tirarlas, rayarlas, quemarlas, escribir cualquier cosa en ellas pueden ser tonterías o algo profundo, pueden ser garabatos, o un hermoso poema, podemos utilizarlas para deducir una formula o tan solo para copiar un texto en fin las posibilidades son infinitas pero si pensamos bien en esta analogía me estremece meditar en lo que hacemos con las horas de nuestra vida porque esas horas, como las hojas, se acabaran algún día, y del uso que les hayamos dado dependerá la huella que dejemos en esta tierra, y esto depende de nosotros, únicamente de nosotros
Las palabras de Elena tuvieron un efecto profundo en mi, porque medite en lo que había realizado en mi vida, y me pregunte si verdaderamente había hecho algo significativo con ella, repase cada acción, cada hecho, cada logro y cada fracaso, y durante un momento me sentí devastada, llegue a la conclusión que jamás seria famosa, que jamás mi nombre reluciría en un periódico o en la revista de moda, y si lo que decía Elena era cierto yo jamás seria eterna y mi nombre y mi vida se marchitarían y mi recuerdo y mi esencia se las llevaría el viento
Bastante deprimida camine ese día por las calles de Roma, y frente a mi encontré el monumento a Víctor Manuel, mas adelante observe las estatuas de diferentes emperadores y personajes de Roma y pensé amargamente durante un momento, que todos ellos habían alcanzado algo que yo jamás tendría pero de pronto la voz de unos turistas llego a mis oídos
- ¿Y quien es este?
- Creo que es..., déjame ver en la guía umm, creo que es Octavio Augusto
- No, es Cesar, bueno todos se llamaban Cesar
- No todos, además creo que este es Marco Aurelio
- No aquí dice quien es pero que borroso esta esto
Me reí dentro de mi al escuchar estos comentarios, pues pensé que realmente no importa cuan grande haya sido alguien, no importa cuan grandes proezas haya realizado, la eternidad no se consigue de esa manera. Es inevitable que el tiempo no pase borrando como una gran escoba los recuerdos y los hechos, y es absolutamente imposible que a todos les importe lo que los grandes hombres han realizado. No piensen mal de mi, por disfrutar tanto ese momento, pero fue gracias a estos comentarios que ya no me sentí tan miserable, porque me di cuenta que si quiero realizar algo no debe ser para eternizar mi nombre, porque tarde o temprano será olvidado todo. Las nuevas generaciones no entenderán, ni les importara los esfuerzos y los sacrificios que tuve que realizar para lograr mis sueños. Y entonces comprendí plenamente que la vida es algo más que el éxito y la fama, que todo esto pasa y más adelante a nadie le importara. Y entonces dirigí mi mirada al cielo y una ráfaga de luz me invadió y me di cuenta que mi fe continuaba intacta y por ello en la única eternidad que creo es en la que Dios nos ha prometido desde la creación del mundo, y esa es la que espero la otra es tan efímera como la vida misma, como la hoja que se lleva el viento
Blanche
Eternidad, palabra poderosa y misteriosa, talvez su imponencia radica en ello mismo, en el enigma que encierra, todos nos preguntamos en algún momento de nuestra vida que debemos hacer para que nuestro recuerdo perdure para siempre en la memoria de todos los hombres, que debemos lograr para hacernos eternos
Para Elena solo existía una manera: la fama y el éxito, ella se decía así misma que si lograba hacer algo verdaderamente asombroso su nombre permanecería vivo a lo largo de las épocas, al igual que el nombre de todos aquellos artistas, héroes, inventores y celebridades que han vivido a lo largo del tiempo
Elena se esforzaba mucho por alcanzar sus sueños, pero a pesar de todo su empeño, ella sentía que cada hora de su vida era como una hoja blanca que ella no hacia nada más que rayar y tirar a la basura. No se porque se le ocurrió esta analogía, pero un día que platicábamos, ella me comento esto, en un arranque de su alma, y casi susurrando me dijo:
- Desde que nacemos están escritos los años, meses, días y horas que vamos a vivir, todos tenemos un tiempo limite en esta tierra, es como si nos regalaran un gran manojo de hojas blancas, y nos permitieran hacer con ellas lo que queramos, podemos tirarlas, rayarlas, quemarlas, escribir cualquier cosa en ellas pueden ser tonterías o algo profundo, pueden ser garabatos, o un hermoso poema, podemos utilizarlas para deducir una formula o tan solo para copiar un texto en fin las posibilidades son infinitas pero si pensamos bien en esta analogía me estremece meditar en lo que hacemos con las horas de nuestra vida porque esas horas, como las hojas, se acabaran algún día, y del uso que les hayamos dado dependerá la huella que dejemos en esta tierra, y esto depende de nosotros, únicamente de nosotros
Las palabras de Elena tuvieron un efecto profundo en mi, porque medite en lo que había realizado en mi vida, y me pregunte si verdaderamente había hecho algo significativo con ella, repase cada acción, cada hecho, cada logro y cada fracaso, y durante un momento me sentí devastada, llegue a la conclusión que jamás seria famosa, que jamás mi nombre reluciría en un periódico o en la revista de moda, y si lo que decía Elena era cierto yo jamás seria eterna y mi nombre y mi vida se marchitarían y mi recuerdo y mi esencia se las llevaría el viento
Bastante deprimida camine ese día por las calles de Roma, y frente a mi encontré el monumento a Víctor Manuel, mas adelante observe las estatuas de diferentes emperadores y personajes de Roma y pensé amargamente durante un momento, que todos ellos habían alcanzado algo que yo jamás tendría pero de pronto la voz de unos turistas llego a mis oídos
- ¿Y quien es este?
- Creo que es..., déjame ver en la guía umm, creo que es Octavio Augusto
- No, es Cesar, bueno todos se llamaban Cesar
- No todos, además creo que este es Marco Aurelio
- No aquí dice quien es pero que borroso esta esto
Me reí dentro de mi al escuchar estos comentarios, pues pensé que realmente no importa cuan grande haya sido alguien, no importa cuan grandes proezas haya realizado, la eternidad no se consigue de esa manera. Es inevitable que el tiempo no pase borrando como una gran escoba los recuerdos y los hechos, y es absolutamente imposible que a todos les importe lo que los grandes hombres han realizado. No piensen mal de mi, por disfrutar tanto ese momento, pero fue gracias a estos comentarios que ya no me sentí tan miserable, porque me di cuenta que si quiero realizar algo no debe ser para eternizar mi nombre, porque tarde o temprano será olvidado todo. Las nuevas generaciones no entenderán, ni les importara los esfuerzos y los sacrificios que tuve que realizar para lograr mis sueños. Y entonces comprendí plenamente que la vida es algo más que el éxito y la fama, que todo esto pasa y más adelante a nadie le importara. Y entonces dirigí mi mirada al cielo y una ráfaga de luz me invadió y me di cuenta que mi fe continuaba intacta y por ello en la única eternidad que creo es en la que Dios nos ha prometido desde la creación del mundo, y esa es la que espero la otra es tan efímera como la vida misma, como la hoja que se lleva el viento
Blanche