Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
Bajo un cielo sin fin
debía ser un pájaro cantor
la niña alegrando el mundo,
un relámpago blanco debía ser
con su voz clara y su olor
a pino joven, y nada más
y nada menos que la campeona
del mundo en respirar
de todas las formas posibles.
Debía ser hermosa,
porque toda la niñez lo es,
y florecerle una sonrisa
jugando con el agua de lluvia
y estallarle una sonora carcajada,
de esas que perfuman la vida,
con los reflejos que dibujan
las gotas traviesas en el suelo.
Pero nunca, nunca, debió ser
la niña que llora, secuestrada
por el silencio, ni la herida
siempre abierta ni la muñeca rota
que se lanzó al vacío,
acosada por un soplo maligno.
.
debía ser un pájaro cantor
la niña alegrando el mundo,
un relámpago blanco debía ser
con su voz clara y su olor
a pino joven, y nada más
y nada menos que la campeona
del mundo en respirar
de todas las formas posibles.
Debía ser hermosa,
porque toda la niñez lo es,
y florecerle una sonrisa
jugando con el agua de lluvia
y estallarle una sonora carcajada,
de esas que perfuman la vida,
con los reflejos que dibujan
las gotas traviesas en el suelo.
Pero nunca, nunca, debió ser
la niña que llora, secuestrada
por el silencio, ni la herida
siempre abierta ni la muñeca rota
que se lanzó al vacío,
acosada por un soplo maligno.
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