Sheyla
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desde lo alto de un quinto piso
contemplo los perros de orejas caídas,
esos que van mirando las vitrinas
como buscando dueño
que les dé un pan.
Niños sin abrigo corriendo
cuesta abajo tras su pelota.
Y al verdulero que mientras grita:
“lleve caserita, lleve la fruta fresca”
Mira sin tapujos las gordas piernas de Josefa.
-Un pajarito se posa en los lirios
distrayéndome un momento-.
¿En qué carajos se parecen todos ellos, a tu pelo?
Y todos, todos se me parecen a tu azabache.
-Un revoltijo convulsionado de avenidas-
mis dedos surcando carreteras
abriendo un camino hacia tu espalda.
Entonces tus manos se hacían palomas
perdidas, acurrucadas en mi falda.
El rugido del mar acompasaba a eso las 5 pm,
entre mis avenidas y el bulevar de tu sonrisa.
¿Como olvidar las farolas amarillas?
Esas que encandilan los ojos
cuando la luna enigmática se pierde.
Así, así eran tus ojos,
bulevar de sonrisas
-Como un parque de niños-
que persiguen globos encendidos
y poco les importan las puertas vetustas,
de la casa recién pintada.
Ni reparaban en la anciana que se perdía
en su ventana mirando el ayer.
Y es que a veces somos ciudad-bullicio
y otras un pueblo seco y baldío.
C.C
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