Acecha desde dentro
y se hace sombra
enlazando su grito más profundo
en gárgolas de fuego alucinante.
Su añeja lucidez hierve de pena
y rompe cuanto sabe a níveo intento.
Se envuelve en tantos mantos como mares,
sin dar palabra o fe, vuelve distante,
perenne al devenir y al escolaso,
oculto en las entrañas de la noche.
Da un golpe en el mentón de la inocencia
temblando tras de sí y en la cornisa,
no hay saltos que derrumben los caminos.
La suerte o la razón se le ha hecho esquiva
y aunque nunca se muestre claudicante
sollozan sus derrotas en la fuente.
La brasa es un volcán para la hormiga.
y se hace sombra
enlazando su grito más profundo
en gárgolas de fuego alucinante.
Su añeja lucidez hierve de pena
y rompe cuanto sabe a níveo intento.
Se envuelve en tantos mantos como mares,
sin dar palabra o fe, vuelve distante,
perenne al devenir y al escolaso,
oculto en las entrañas de la noche.
Da un golpe en el mentón de la inocencia
temblando tras de sí y en la cornisa,
no hay saltos que derrumben los caminos.
La suerte o la razón se le ha hecho esquiva
y aunque nunca se muestre claudicante
sollozan sus derrotas en la fuente.
La brasa es un volcán para la hormiga.