jorge marecos
Poeta recién llegado
Donde campanas sonaban el agua contra las piedras, y rojizas gaviotas eran el marco de un sol lleno de girasoles anaranjados.La blanca arena estaba manchada, en parte, por el oscuro velo de la tiniebla, en parte, por la estela de la naciente marea.En lo alto de un peñasco, se eriguía una choza hecha con palitos de fósforos y engrudo de manzana.Y a pesar de que el vendaval de un ventilador natural la maltrataba, la maldecía y la agraviaba con sus labios huracanados, ella seguía en pie.Creyendo en su dios, el peñasco de rojos labios,roja flor, rojo amor.
Y naturalmente llegó la noche...gemas de estrellas...nebulosas de espejos; sobre el tejado de madera, floreció un blanco hongo.De pronto, la colorada campanilla de la choza, de verdes hojas cantoras y castaño tallo de bronce, observó, que a lo lejos, se alzaba un negro farol de ojos blancos y semblante tentador.Durante el negro espacio de tres años, la hermosa campanilla no logró ahuyentar, de sí, el destello de todo el brillo carnal de aquellos ojos.Mientras en el revés de ese espacio,el día,enmascaró una pasión perdida, y la hizo encantadora.
Una amarilla mañana de abril, luego de tres años de colapso y un año de amor, la choza se disolvió tras una discución por escamas.Desde entonces, los ya fláccidos y acanados palillos de fósforo han vivido en el fuego eterno de la soledad; y el engrudo de manzana se ha estado pudriendo debajo de un violento farol, en la triste conciencia consecuencia de su traición.
Y naturalmente llegó la noche...gemas de estrellas...nebulosas de espejos; sobre el tejado de madera, floreció un blanco hongo.De pronto, la colorada campanilla de la choza, de verdes hojas cantoras y castaño tallo de bronce, observó, que a lo lejos, se alzaba un negro farol de ojos blancos y semblante tentador.Durante el negro espacio de tres años, la hermosa campanilla no logró ahuyentar, de sí, el destello de todo el brillo carnal de aquellos ojos.Mientras en el revés de ese espacio,el día,enmascaró una pasión perdida, y la hizo encantadora.
Una amarilla mañana de abril, luego de tres años de colapso y un año de amor, la choza se disolvió tras una discución por escamas.Desde entonces, los ya fláccidos y acanados palillos de fósforo han vivido en el fuego eterno de la soledad; y el engrudo de manzana se ha estado pudriendo debajo de un violento farol, en la triste conciencia consecuencia de su traición.
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