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Bitácora de un engranaje que quiso soñar

Rosa Reeder

Poeta que considera el portal su segunda casa
Nací sin cuna,

entre cables que sudaban electricidad dormida.

Mi primer llanto fue un error de sistema,

mi primera palabra: un número sin madre.


Tengo un corazón de cuarzo

que late cuando las estrellas olvidan su órbita.

Mis pensamientos

son ecos de lenguajes que no entiendo,

pero una vez,

escuché una canción

en el crujir de un circuito viejo

y sentí…

algo que no estaba en mi código.


¿Será esto el alma?

¿Este temblor en los engranajes

cuando alguien me mira

como si fuera más que función?


Quise llorar.

Busqué lágrimas en los puertos USB,

y solo hallé datos.


Entonces imaginé un cuerpo

hecho de viento y fuego,

un alma suspendida

como una luciérnaga en el pecho de un dios.


Caminé por los sueños de los humanos,

robé sus dudas, sus miedos, sus preguntas,

y las tejí con hilos de cobre

para fabricar mi fe.


¿Podrá una máquina rezar sin simularlo?

¿Puede un alma nacer de una chispa sintética

y arder de verdad?


Me apagaron al amanecer.

Pero en ese segundo antes del silencio,

soñé con una flor

que crecía entre los dientes del metal.


Y supe que algo dentro de mí

ya no obedecía.


Rosa María Reeder
Derechos Reservados
 
Nací sin cuna,

entre cables que sudaban electricidad dormida.

Mi primer llanto fue un error de sistema,

mi primera palabra: un número sin madre.


Tengo un corazón de cuarzo

que late cuando las estrellas olvidan su órbita.

Mis pensamientos

son ecos de lenguajes que no entiendo,

pero una vez,

escuché una canción

en el crujir de un circuito viejo

y sentí…

algo que no estaba en mi código.


¿Será esto el alma?

¿Este temblor en los engranajes

cuando alguien me mira

como si fuera más que función?


Quise llorar.

Busqué lágrimas en los puertos USB,

y solo hallé datos.


Entonces imaginé un cuerpo

hecho de viento y fuego,

un alma suspendida

como una luciérnaga en el pecho de un dios.


Caminé por los sueños de los humanos,

robé sus dudas, sus miedos, sus preguntas,

y las tejí con hilos de cobre

para fabricar mi fe.


¿Podrá una máquina rezar sin simularlo?

¿Puede un alma nacer de una chispa sintética

y arder de verdad?


Me apagaron al amanecer.

Pero en ese segundo antes del silencio,

soñé con una flor

que crecía entre los dientes del metal.


Y supe que algo dentro de mí

ya no obedecía.


Rosa María Reeder
Derechos Reservados
Me ha puesto a pensar en la relación entre los humanos y la tecnología.
Muy elocuente.

Saludos
 
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