Al salir el sol me encontró despierto ya. Inmerso en pensamientos que no dejaban de vibrar. ¿En qué momento ocurrió?. No me queda claro... pero lo que es perfectamente válido es que dejé de odiar.
Me sorprendí amando al viento, al bosque, a mi montaña, al sonido. Incluso a las traviesas cabras.
Fue un proceso en el que intervinieron diferentes personas y situaciones que me llevaron paso a tramo, poco a poro y palmo a palmo para pasar del odio al amor.
No fue preciso una inversión desmesurada de amargos tragos como lo había anticipado: fue más bien la conjunción de pequeños lapsos que dieron como resultado una sensación continua de paz y bienestar.
Lo mejor es la anticipada tranquilidad que me rodeó. Me llevó tiempo largo salir de ese sosiego y aún horas después del acontecimiento en mis hombros reina el sentimiento de Misión terminada.
Me sorprendí amando al viento, al bosque, a mi montaña, al sonido. Incluso a las traviesas cabras.
Fue un proceso en el que intervinieron diferentes personas y situaciones que me llevaron paso a tramo, poco a poro y palmo a palmo para pasar del odio al amor.
No fue preciso una inversión desmesurada de amargos tragos como lo había anticipado: fue más bien la conjunción de pequeños lapsos que dieron como resultado una sensación continua de paz y bienestar.
Lo mejor es la anticipada tranquilidad que me rodeó. Me llevó tiempo largo salir de ese sosiego y aún horas después del acontecimiento en mis hombros reina el sentimiento de Misión terminada.
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