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Bienvenido al Club de los Corazones Rotos

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Aquí no hay carnets, ni membresías mensuales, ni filas ordenadas para llorar.
Se entra sin querer, por la puerta equivocada del amor,
por esa rendija que dejaste abierta pensando que el olvido no vendría.
Y zas... te llegó.

Bienvenido, sí. Pasa.
Aquí los corazones no laten: escriben.
Palpitan en las esquinas de servilletas manchadas de café,
se rompen en la última página de libros subrayados con desesperación,
se esconden en la nota de voz que nunca se envió.

En este club, los lunes se sienten como domingos sin sol
y los viernes se celebran con vino barato y poemas mal escritos
que, de alguna forma, terminan salvándonos.

Aquí nadie te juzga si todavía la sueñas,
si aún esperás un mensaje con el brillo de su nombre.
Aquí lloramos con metáforas.
Nos desangramos con estilo.
Nos curamos con rimas que no cierran,
porque las heridas que riman, tardan más en doler.

Somos los que aman aunque ya no los amen.
Los que construyen puentes de papel hacia el vacío.
Los que besan en los recuerdos porque ya no hay piel.
Los que aún creen en el amor,
aunque nos haya dejado sin brújula, sin mapa y con la marea alta.

Así que sí, bienvenido.
Hay té caliente, alguna canción de Sabina en el aire
y sillas que no preguntan,
solo escuchan.
Y escriben.
Como vos.
Como yo.
Como todos los que alguna vez
amaron sin contrato
y perdieron sin recibo.
 
Aquí no hay carnets, ni membresías mensuales, ni filas ordenadas para llorar.
Se entra sin querer, por la puerta equivocada del amor,
por esa rendija que dejaste abierta pensando que el olvido no vendría.
Y zas... te llegó.

Bienvenido, sí. Pasa.
Aquí los corazones no laten: escriben.
Palpitan en las esquinas de servilletas manchadas de café,
se rompen en la última página de libros subrayados con desesperación,
se esconden en la nota de voz que nunca se envió.

En este club, los lunes se sienten como domingos sin sol
y los viernes se celebran con vino barato y poemas mal escritos
que, de alguna forma, terminan salvándonos.

Aquí nadie te juzga si todavía la sueñas,
si aún esperás un mensaje con el brillo de su nombre.
Aquí lloramos con metáforas.
Nos desangramos con estilo.
Nos curamos con rimas que no cierran,
porque las heridas que riman, tardan más en doler.

Somos los que aman aunque ya no los amen.
Los que construyen puentes de papel hacia el vacío.
Los que besan en los recuerdos porque ya no hay piel.
Los que aún creen en el amor,
aunque nos haya dejado sin brújula, sin mapa y con la marea alta.

Así que sí, bienvenido.
Hay té caliente, alguna canción de Sabina en el aire
y sillas que no preguntan,
solo escuchan.
Y escriben.
Como vos.
Como yo.
Como todos los que alguna vez
amaron sin contrato
y perdieron sin recibo.
Unas líneas bien refinadas e instructivas.
Me gustaron.

Saludos hasta PR
 
Si hay canciones de Sabina y té, ¿qué más se puede pedir?
Me apunto al club, para desangrarme con estilo, llorando metáforas... aunque nunca me hayan roto el corazón por abandono voluntario, también he perdido sin recibo.
Así que sí, me apunto al club.

Me ha encantado tu escrito a caballo entre una prosa poética y un poema blanco.

Un saludo muy cordial.
 
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