cipres1957
Poeta veterano en el portal
El niño introducía el dedo índice en su nariz cada vez más profundo; escarbaba tratando de encontrar algo. Cuando parecía que lo lograba, se le escapaba, entonces regresaba por más y así durante mucho tiempo.
La maestra lo observaba incrédula y ansiosa a la vez por saber en qué terminaría todo ese acto de mal gusto, cuando una sonrisa casi imperceptible en el niño indicó que algo había encontrado, la maestra sostuvo la respiración y no pudo creer lo que veía.
En el extremo de la uña larga y sucia del niño, venía adherido un moco de gran tamaño, que al parecer llevaba tiempo asentado en el refugio natural.
El niño tomó el moco entre los dedos índice y pulgar, lo miró detenidamente y comenzó a darle forma de bolita luego de lo cual lo dejó en el pupitre.
Intentaba regresar por más materia prima, pero la señorita maestra le sostuvo la mano en el preciso instante que comenzaba su tarea. El niño asustado agachó la cabeza, se limpió el dedo debajo del asiento y se quedó quieto con ambas manos entre sus piernas.
La maestra miró al niño, luego a la bolita de moco, de nuevo al niño y preguntó;
- ¿Qué significa esto Ramón? ¿No te enseñamos que esas cosas no se hacen? Para eso son los pañuelos.
El niño levantó la cabeza y con suave voz dijo:
- Sí señorita, pero para mí no es una cochinada, es mi manera de volar a otros mundos y esa bolita que ve en el pupitre es el planeta Marte.
- Al menos en el aula no vuelvas a hacerlo ¿entendido? –replicó la maestra-
Luego regresó a su escritorio pensando sobre la maravillosa imaginación que tienen los niños y hasta se le escapó una sonrisa traviesa.
Pasado un tiempo observó a Daniel -que se sentaba en uno de los últimos pupitres del salón- con sus manos metidas debajo de su delantal y con miradas huidizas y extraviadas; pero esta vez no se movió de su silla, no se animó a preguntar nada.
La maestra lo observaba incrédula y ansiosa a la vez por saber en qué terminaría todo ese acto de mal gusto, cuando una sonrisa casi imperceptible en el niño indicó que algo había encontrado, la maestra sostuvo la respiración y no pudo creer lo que veía.
En el extremo de la uña larga y sucia del niño, venía adherido un moco de gran tamaño, que al parecer llevaba tiempo asentado en el refugio natural.
El niño tomó el moco entre los dedos índice y pulgar, lo miró detenidamente y comenzó a darle forma de bolita luego de lo cual lo dejó en el pupitre.
Intentaba regresar por más materia prima, pero la señorita maestra le sostuvo la mano en el preciso instante que comenzaba su tarea. El niño asustado agachó la cabeza, se limpió el dedo debajo del asiento y se quedó quieto con ambas manos entre sus piernas.
La maestra miró al niño, luego a la bolita de moco, de nuevo al niño y preguntó;
- ¿Qué significa esto Ramón? ¿No te enseñamos que esas cosas no se hacen? Para eso son los pañuelos.
El niño levantó la cabeza y con suave voz dijo:
- Sí señorita, pero para mí no es una cochinada, es mi manera de volar a otros mundos y esa bolita que ve en el pupitre es el planeta Marte.
- Al menos en el aula no vuelvas a hacerlo ¿entendido? –replicó la maestra-
Luego regresó a su escritorio pensando sobre la maravillosa imaginación que tienen los niños y hasta se le escapó una sonrisa traviesa.
Pasado un tiempo observó a Daniel -que se sentaba en uno de los últimos pupitres del salón- con sus manos metidas debajo de su delantal y con miradas huidizas y extraviadas; pero esta vez no se movió de su silla, no se animó a preguntar nada.
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