The Crow
Poeta asiduo al portal
Baúl de Hierro
Era tan suave su luz,
Que acariciaba con ternura mi gastada piel,
Adormeció con profundidad mis ojos,
En una hora simple, a la paz de la noche.
Reinante sobre los cielos esperaba,
Dando con fuerza su estrecho hálito al cielo,
Moldeando la fugaz vejes de la madera,
Crujiente al gélido paso del tiempo.
Me ocultaste bajo tu fiero manto gris,
Hiciste palpitar mi cuerpo entero con sólo una palabra,
Con la suavidad de una nube te refugiaste en mis brazos,
Atravesando mis poros hacia un infinito.
Tranquilizaste mis emociones contenidas en un frasco,
Te preocupaste de no dejar huella alguna de tu pequeño descanso,
Pero te fuiste...
Y no volviste.
Abandonado por tu velo celestial,
Que un día me ayudaste a tocar el cielo,
Y hoy el suelo del infierno.
Te dejaste desvanecer en una mente perdida,
Mil rosas se destruyeron a tu andar,
Y la corteza de mis ojos lograste arrancar,
Si era tu mirada, si era tu voz, si eras tú.
Mis cartas se quedaron atrapadas en mis manos,
Clavadas a mi piel por el más oxidado clavo,
No puedo evitarlo, me duele,
Dije que no me dolería, lo dije cada noche...
Pero mentí... me duele.
No quiero que vuelvas,
Déjate mecer en tu olvido,
Guarda tus rosas marchitas,
En el frío baúl de hierro.
by The Crow