Osidiria
Poeta asiduo al portal
BARES DE CARRETERA
Del amor al diablo pasando por la vía muerta
donde las huellas del paraíso se retrasan en el olvido,
aquellos que mueren en el diván de la sala de espera
bajo el influjo del ardor en batalla y suspiros adormecidos
por una cantinela y acordes de pulsos de sable,
hacen bostezar a la sirena
y a su guarnición de jaculatorias y retablo de santos,
vestidos de novias y separación de bienes,
a la vez bendicen su destino y celebran el exorcismo
de las crines del percherón del carro de los malditos.
Puchero de algarrobas para el abad del prostíbulo, no hay más delito,
las novicias manifiestan sus encantos ante una plaga de ojos sin pestañas
que dejaron a sus damas remendando las cortinas de sus naves de guerra
con sus velas ardiendo ante el fuego de Neptuno
bajo las olas del mar del deseo cotizando en bolsa,
la moneda del amor se devalúa
mientras la cadera inmigrante arrasa en los garitos de barra americana.
El cambio de divisas, en toda regla ilegal y falta de pudor anestesiada,
cuece a fuego lento en la papelera del magistrado,
embaucador de masas sin cremallera,
sabe que la ley de la entrepierna gobernará el mundo,
¡ah bribón, que intuición de carta náutica
para sonámbulos de bares de carretera¡
sabias que las descendientes de la costilla de Adán pagarían
y por eso inventaste los ojos lujuriosos del dinero,
sabia jugada, ahora todos los abogados
aprobarán las oposiciones a enterradores de la Almudena.
Del amor al diablo pasando por la vía muerta
donde las huellas del paraíso se retrasan en el olvido,
aquellos que mueren en el diván de la sala de espera
bajo el influjo del ardor en batalla y suspiros adormecidos
por una cantinela y acordes de pulsos de sable,
hacen bostezar a la sirena
y a su guarnición de jaculatorias y retablo de santos,
vestidos de novias y separación de bienes,
a la vez bendicen su destino y celebran el exorcismo
de las crines del percherón del carro de los malditos.
Puchero de algarrobas para el abad del prostíbulo, no hay más delito,
las novicias manifiestan sus encantos ante una plaga de ojos sin pestañas
que dejaron a sus damas remendando las cortinas de sus naves de guerra
con sus velas ardiendo ante el fuego de Neptuno
bajo las olas del mar del deseo cotizando en bolsa,
la moneda del amor se devalúa
mientras la cadera inmigrante arrasa en los garitos de barra americana.
El cambio de divisas, en toda regla ilegal y falta de pudor anestesiada,
cuece a fuego lento en la papelera del magistrado,
embaucador de masas sin cremallera,
sabe que la ley de la entrepierna gobernará el mundo,
¡ah bribón, que intuición de carta náutica
para sonámbulos de bares de carretera¡
sabias que las descendientes de la costilla de Adán pagarían
y por eso inventaste los ojos lujuriosos del dinero,
sabia jugada, ahora todos los abogados
aprobarán las oposiciones a enterradores de la Almudena.