Antonio del Olmo
Poeta que considera el portal su segunda casa
BANZAI
Relato basado en un hecho real


El piloto kamikaze japonés despegaba su avión cargado con 250 kilos de dinamita. Estaba dispuesto, igual que todos sus compañeros, a estrellarse contra un barco de guerra aliado para cumplir su misión suicida. Poco antes de emprender el vuelo, pudo ver una brizna de hierba agitada por el viento en una grieta de la pista. Mientras volaba hacia su objetivo, sus pensamientos empezaron a bullir agitados por el ruido y las vibraciones del motor:
“Esa hierba que acabo de ver tiene más derecho que yo a vivir. Antes de dos horas estaré muerto y esa planta vivirá. Pero tengo que morir por la patria como todos los héroes. Moriré matando. ¿Pueden ser héroes los que matan? Nunca más veré a mi mujer y mi hijo bajo el cerezo del patio. ¿Qué será de mí cuando la dinamita estalle: me convertiré en un kami, renaceré, o simplemente me desintegraré con la explosión? No. No. No quiero matar. No quiero morir. No soy una bomba, soy un hombre, mi nombre es Akemi, significa “belleza de la madrugada”.
Akemi cambió su rumbo, se alejo de la escuadra de barcos para aterrizar sobre la playa de un islote alargado. Tuvo mucha suerte: la arena amortiguó el impacto y evitó la explosión del avión. Cesó el insoportable ruido del motor y pudo escuchar el canto de un pájaro posado en la palmera más cercana. Celebró su salvación gritando la palabra de combate que para él, en esa situación tan diferente, tenía otro significado: la victoria de la vida sobre la muerte:
¡ BANZAI !
Relato basado en un hecho real


El piloto kamikaze japonés despegaba su avión cargado con 250 kilos de dinamita. Estaba dispuesto, igual que todos sus compañeros, a estrellarse contra un barco de guerra aliado para cumplir su misión suicida. Poco antes de emprender el vuelo, pudo ver una brizna de hierba agitada por el viento en una grieta de la pista. Mientras volaba hacia su objetivo, sus pensamientos empezaron a bullir agitados por el ruido y las vibraciones del motor:
“Esa hierba que acabo de ver tiene más derecho que yo a vivir. Antes de dos horas estaré muerto y esa planta vivirá. Pero tengo que morir por la patria como todos los héroes. Moriré matando. ¿Pueden ser héroes los que matan? Nunca más veré a mi mujer y mi hijo bajo el cerezo del patio. ¿Qué será de mí cuando la dinamita estalle: me convertiré en un kami, renaceré, o simplemente me desintegraré con la explosión? No. No. No quiero matar. No quiero morir. No soy una bomba, soy un hombre, mi nombre es Akemi, significa “belleza de la madrugada”.
Akemi cambió su rumbo, se alejo de la escuadra de barcos para aterrizar sobre la playa de un islote alargado. Tuvo mucha suerte: la arena amortiguó el impacto y evitó la explosión del avión. Cesó el insoportable ruido del motor y pudo escuchar el canto de un pájaro posado en la palmera más cercana. Celebró su salvación gritando la palabra de combate que para él, en esa situación tan diferente, tenía otro significado: la victoria de la vida sobre la muerte:
¡ BANZAI !
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