Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Construir un palacio
dentro de mis amígdalas,
con almenas de aceite,
y una muralla interna,
para que no se induzcan los fluidos.
Mi mayor enemigo es lo que pienso,
cuando miro hacia el suelo, como si, renqueante,
calumniara a los tigres que salen de mi iglesia.
El templo de mi boca
dura solo un segundo,
el incendio incesante de su altar,
no ofrece sacrificios.
Me pregunto si alguna vez elegí el amor.
Si mis preocupaciones por las chicas,
no vinieron después de madurar.
Nadie me regaló un avión de papel.
Dicen que un caballero no habla de intimidades.
Pero yo me presento como la mayor duda que conozco.
Todo va muy despacio,
no necesito tiempo,
estoy del otro lado, la cruz de tu moneda.
Usar la inteligencia antes del varapalo es esencial.
Me he topado mil veces con mi mente,
siempre le planté cara.
No sé cómo lo hice,
vivo para contarlo, y eso es lo que trasciende.
Sacar en claro algo, no es tan fácil.
Mi lucha interior es una y un millón.
Son tormentas de ideas
y de una calidad de vida incuestionable.
Es por ello que no he formado parte
de nada, los hipócritas,
son el paso siguiente
que dan los ignorantes.
dentro de mis amígdalas,
con almenas de aceite,
y una muralla interna,
para que no se induzcan los fluidos.
Mi mayor enemigo es lo que pienso,
cuando miro hacia el suelo, como si, renqueante,
calumniara a los tigres que salen de mi iglesia.
El templo de mi boca
dura solo un segundo,
el incendio incesante de su altar,
no ofrece sacrificios.
Me pregunto si alguna vez elegí el amor.
Si mis preocupaciones por las chicas,
no vinieron después de madurar.
Nadie me regaló un avión de papel.
Dicen que un caballero no habla de intimidades.
Pero yo me presento como la mayor duda que conozco.
Todo va muy despacio,
no necesito tiempo,
estoy del otro lado, la cruz de tu moneda.
Usar la inteligencia antes del varapalo es esencial.
Me he topado mil veces con mi mente,
siempre le planté cara.
No sé cómo lo hice,
vivo para contarlo, y eso es lo que trasciende.
Sacar en claro algo, no es tan fácil.
Mi lucha interior es una y un millón.
Son tormentas de ideas
y de una calidad de vida incuestionable.
Es por ello que no he formado parte
de nada, los hipócritas,
son el paso siguiente
que dan los ignorantes.