Éramos dos entes misteriosos
nuestras almas vivían ocultas
en planos separados,
imposible de intuir
la presencia del otro.
Así paso mucho tiempo,
cada uno en su esquina
en su caja de un mundo
sordo, ciego y sin norte.
Pero la magia de la vida
revelo un día
una de sus tantas sorpresas.
Sin que formara parte del libreto
una tarde y solo por curiosidad
mis ojos captaron un brillo
tenue, tímido e ingenuo
en el canto tribal de tu cuerpo.
Podría haber pasado
en silencio, como un signo más
pero mis ojos, veloces
supieron descifrar
aquel canto, aquel grito.
Era un eco sordo
un SOS en braille
una llamarada de ternura
un suplicio de auténtico amor.
Y entonces mi mirada
se posó lentamente en la tuya.
Intentaste huir presa de la angustia
pero ya era demasiado tarde
el mensaje se había destapado.
Jugamos entonces,
había seducción en el ambiente
un miedo mordaz corría
lentamente por tu espalda
tu placer había perdido
para siempre
su barrera protectora.
Fueron tiempos de miradas
de palabras no dichas
de deseos inconfesos
de ardores matutinos
de ansias y agonía.
Un día,
en un rincón sellado te encontré,
con el alma hundida en el gran dilema
de abrirse o no
a las puertas de la pasión.
Me acerqué con sutileza
Invadiendo y respetando solo
la mínima distancia.
Oí tu respiración agitarse,
mire directo a tus ojos...
Quizás esperabas desde ya
el beso que anhelaba
todo tu cuerpo.
Pero no, detuve mi avance
y mirando al centro de tus ojos
tome tus manos, expuse las palmas
y con la yema de mis dedos
una caricia empezó a nacer desde
la zona media hasta la muñeca
siguiendo el ritmo natural de tu pulso.
En ese momento, tu lenguaje
era de pequeños gemidos
de respiración entrecortada
y corazón acelerado.
Y entonces fui audaz,
me acerqué aún más...
mi boca se fue suavemente
a la base de tu cuello
y comenzó una travesía
de conquista y descubrimientos...
Navegar aquel río
me llevó siguiendo el caudal
de tus arterias
a la base de tu cuello
y ahí, mis labios y mi lengua
adoraron sin misericordia
y con íntima devoción.
Sentí el calor de tus manos
acercándome a ti
Pidiéndome en silencio
terminar la faena...
Me detuve, regrese un paso
me llené del fuego suplicante
de tus ojos tiernos.
Mi dedo comenzó a explorar
las comisuras sensuales
de unos labios hambrientos
recorrerlos suavemente
amarlos, seducirlos, invitarlos
Ahí el tiempo se detuvo,
tu mirada era por entonces
una demanda sorda
un grito frenético
una mujer en celo.
Mis dedos se detuvieron
justo en el centro de tus labios
y hice una pausa
que fue una agonía
una gloria inconclusa
una satisfacción necesaria.
Retire un centímetro
mi cuerpo de tu cuerpo
tus manos se negaron
ante aquella distancia.
Te miré profundamente
y con infinita ternura,
directo a los ojos.
Y cuando estallo
el orgasmo de ternura
en toda tu piel
tu boca encontró
en mi boca
todo el placer para alimentar
tus ganas de mujer.
Fantom
nuestras almas vivían ocultas
en planos separados,
imposible de intuir
la presencia del otro.
Así paso mucho tiempo,
cada uno en su esquina
en su caja de un mundo
sordo, ciego y sin norte.
Pero la magia de la vida
revelo un día
una de sus tantas sorpresas.
Sin que formara parte del libreto
una tarde y solo por curiosidad
mis ojos captaron un brillo
tenue, tímido e ingenuo
en el canto tribal de tu cuerpo.
Podría haber pasado
en silencio, como un signo más
pero mis ojos, veloces
supieron descifrar
aquel canto, aquel grito.
Era un eco sordo
un SOS en braille
una llamarada de ternura
un suplicio de auténtico amor.
Y entonces mi mirada
se posó lentamente en la tuya.
Intentaste huir presa de la angustia
pero ya era demasiado tarde
el mensaje se había destapado.
Jugamos entonces,
había seducción en el ambiente
un miedo mordaz corría
lentamente por tu espalda
tu placer había perdido
para siempre
su barrera protectora.
Fueron tiempos de miradas
de palabras no dichas
de deseos inconfesos
de ardores matutinos
de ansias y agonía.
Un día,
en un rincón sellado te encontré,
con el alma hundida en el gran dilema
de abrirse o no
a las puertas de la pasión.
Me acerqué con sutileza
Invadiendo y respetando solo
la mínima distancia.
Oí tu respiración agitarse,
mire directo a tus ojos...
Quizás esperabas desde ya
el beso que anhelaba
todo tu cuerpo.
Pero no, detuve mi avance
y mirando al centro de tus ojos
tome tus manos, expuse las palmas
y con la yema de mis dedos
una caricia empezó a nacer desde
la zona media hasta la muñeca
siguiendo el ritmo natural de tu pulso.
En ese momento, tu lenguaje
era de pequeños gemidos
de respiración entrecortada
y corazón acelerado.
Y entonces fui audaz,
me acerqué aún más...
mi boca se fue suavemente
a la base de tu cuello
y comenzó una travesía
de conquista y descubrimientos...
Navegar aquel río
me llevó siguiendo el caudal
de tus arterias
a la base de tu cuello
y ahí, mis labios y mi lengua
adoraron sin misericordia
y con íntima devoción.
Sentí el calor de tus manos
acercándome a ti
Pidiéndome en silencio
terminar la faena...
Me detuve, regrese un paso
me llené del fuego suplicante
de tus ojos tiernos.
Mi dedo comenzó a explorar
las comisuras sensuales
de unos labios hambrientos
recorrerlos suavemente
amarlos, seducirlos, invitarlos
Ahí el tiempo se detuvo,
tu mirada era por entonces
una demanda sorda
un grito frenético
una mujer en celo.
Mis dedos se detuvieron
justo en el centro de tus labios
y hice una pausa
que fue una agonía
una gloria inconclusa
una satisfacción necesaria.
Retire un centímetro
mi cuerpo de tu cuerpo
tus manos se negaron
ante aquella distancia.
Te miré profundamente
y con infinita ternura,
directo a los ojos.
Y cuando estallo
el orgasmo de ternura
en toda tu piel
tu boca encontró
en mi boca
todo el placer para alimentar
tus ganas de mujer.
Fantom