Isidora_Luna
Poeta recién llegado
La ausencia no grita.
Se desliza entre mis cortinas
y se posa en toda vajilla sin usar.
Su música es carcoma.
Como la de este suspiro que no llega a ser verso,
como cuando escucho, despacio,
golpetear en mi oído
que este miserable mundo sigue,
pero con falta de ritmo.
Suspiro cortado
en una copa sin vino.
Las ausencias nunca mueren:
se convierten en muebles.
Se acuestan a tu lado.
Se ríen cuando hablas sola.
La oigo por la noche,
rozando los zócalos pétreos y fríos.
Como una rata culta
que aprendió latín,
solo puede caminar recitando tu nombre.
A veces la confundo con Dios.
Otras, con tu sombra.
Pero siempre me gana:
ella se queda.
Tú no.
Y yo, Isidora.
Yo le escribo sonetos
como si fueran exorcismos.
Pero no se va.
Solo aplaude,
silenciosa.
Se desliza entre mis cortinas
y se posa en toda vajilla sin usar.
Su música es carcoma.
Como la de este suspiro que no llega a ser verso,
como cuando escucho, despacio,
golpetear en mi oído
que este miserable mundo sigue,
pero con falta de ritmo.
Suspiro cortado
en una copa sin vino.
Las ausencias nunca mueren:
se convierten en muebles.
Se acuestan a tu lado.
Se ríen cuando hablas sola.
La oigo por la noche,
rozando los zócalos pétreos y fríos.
Como una rata culta
que aprendió latín,
solo puede caminar recitando tu nombre.
A veces la confundo con Dios.
Otras, con tu sombra.
Pero siempre me gana:
ella se queda.
Tú no.
Y yo, Isidora.
Yo le escribo sonetos
como si fueran exorcismos.
Pero no se va.
Solo aplaude,
silenciosa.