Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
La voz trepa escalones derretidos por el dulce timbre del cantor,
se eleva unos centímetros del submundo anclado a la huella y,
penetra entre hojas de lirio en , la caracola por donde ese trino anunciaba costa cerca del mar.
Decide tú si te entregas al mundo habitado en los primeros escalones,
que se deshuesan y dilaminadas todas tus costillas como un cordero propiciatorio
eres ingerido
o asciendes al diurno látigo de la luz.
Y te disgregas como melodía transgrediendo por las corrientes oníricas como un último verso,
tajo en la hoja por donde sangrará el vaivén de suburbios decorados de trementina.
Sólo falta encontrar a alguien dispuesta a abrir la puerta de la pajarera y emprender viaje juntos.
Aún es pronto para conocer toda la tristeza del mundo.
Aún tienes tiempo para un último sueño.
Abierto al mar planeando al ras la sospecha de ser diferente.
Te abrirá puertas hacia los parámetros de la dicha.
Llena de todos los recuerdos de los escalones por donde pasaste.
Reservados todos los derechos©
se eleva unos centímetros del submundo anclado a la huella y,
penetra entre hojas de lirio en , la caracola por donde ese trino anunciaba costa cerca del mar.
Decide tú si te entregas al mundo habitado en los primeros escalones,
que se deshuesan y dilaminadas todas tus costillas como un cordero propiciatorio
eres ingerido
o asciendes al diurno látigo de la luz.
Y te disgregas como melodía transgrediendo por las corrientes oníricas como un último verso,
tajo en la hoja por donde sangrará el vaivén de suburbios decorados de trementina.
Sólo falta encontrar a alguien dispuesta a abrir la puerta de la pajarera y emprender viaje juntos.
Aún es pronto para conocer toda la tristeza del mundo.
Aún tienes tiempo para un último sueño.
Abierto al mar planeando al ras la sospecha de ser diferente.
Te abrirá puertas hacia los parámetros de la dicha.
Llena de todos los recuerdos de los escalones por donde pasaste.
Reservados todos los derechos©
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