A forma de procedencia externa, nunca lo real me fue tan transpirado, como el humo envenenado, que cierran los verbos transitados.
Aún no siendo, tal cual fuera,
despertaría al otro,
dormido en ese recinto
llamado mente (sutilmente)
mi cabeza gira sobre el yo presente,
y sin buscar encuentro
más egos eternos
jugando con desprecio mutuo,
a la ruleta del temple
(inmutable)
la sinrazón presente de la nada
(ausente)
vivo en la realidad del presente
(ya pasado)
cuando uno del otro se separan
(mutilados)
a pesar de vivir
(fusionados)
juegan eternamente enamorados
el uno del otro separados,
dentro de un túnel mutilado,
que ahora llamo
(pasado)
faltan cien horas simples
(sin minutos)
ni tan siquiera segundos,
para encontrar la salida
a estos fantasmas,
que reprimen mi vida,
en el agujero negro,
porque aún no siendo
(lo pretendido)
siento que estoy perdiendo
lo jamás ganado
sorteado en las batallas
de los tratos
(a mi las cosas calientes)
que las hadas nunca respiran
(enamoradas)
Carne de perros
aún no siendo lo que fuera
me encuentro algo más arriba
de la llamada corteza cerebral
del otro que juega estúpidamente
con mi calavera.
© Igna
Aún no siendo, tal cual fuera,
despertaría al otro,
dormido en ese recinto
llamado mente (sutilmente)
mi cabeza gira sobre el yo presente,
y sin buscar encuentro
más egos eternos
jugando con desprecio mutuo,
a la ruleta del temple
(inmutable)
la sinrazón presente de la nada
(ausente)
vivo en la realidad del presente
(ya pasado)
cuando uno del otro se separan
(mutilados)
a pesar de vivir
(fusionados)
juegan eternamente enamorados
el uno del otro separados,
dentro de un túnel mutilado,
que ahora llamo
(pasado)
faltan cien horas simples
(sin minutos)
ni tan siquiera segundos,
para encontrar la salida
a estos fantasmas,
que reprimen mi vida,
en el agujero negro,
porque aún no siendo
(lo pretendido)
siento que estoy perdiendo
lo jamás ganado
sorteado en las batallas
de los tratos
(a mi las cosas calientes)
que las hadas nunca respiran
(enamoradas)
Carne de perros
aún no siendo lo que fuera
me encuentro algo más arriba
de la llamada corteza cerebral
del otro que juega estúpidamente
con mi calavera.
© Igna