Yoe F. Santos
Poeta recién llegado
Atemporalia edípica.
A veces la Internet y ciertos portales -como este por ejemplo- tienen el poder de arrastrarnos, como remolinos, hasta el fondo de nuestras propias búsquedas, colocándonos un espejo iluminado, donde el tiempo puso solo entretelones, mustios claroscuros y los sobresaltos por pisar los pétalos de la poesía, como es, no como dicen (o decían) los manuales, que debe ser.
Dicen libreros y entendidos en mercados emergentes, que se lee y se escribe poca poesía, razón por la cual, muchos cabalgan hacia el éxito, en la narrativa, los audiovisuales, la publicidad o las seducciones del marketing, sin embargo, ella, no se como, la poesía, se las ingenia, para no dejar de permear, cada giro expresivo, que en los campos anteriores, toca un poeta en su vida profesional, aun cuando decida la invisibilidad creadora, desde las aulas y los manuales.
Ella la proscrita - la supuestamente extinguida- resurge en la cotidianidad de las imágenes, de labios de niños y niñas, de adultos formales e iconoclastas, de moribundos y proxenetas, de laicos, sacrílegos, beatos, tímidos y exhibicionistas, amantes, carniceros, hijosdalgos, como en el esputo tísico del trovador, en cualquier calle, se cuela en las fiestas de solemnidad, con esa pasión en la mirada, que nos incendia o nos deja sin palabras.
Como no sabe de fronteras, de géneros, ni taxonómicas bibliotecarias, ni de edades, ni de purezas, es difícil de satisfacer o alcanzar, en sus aleteos por la vida y los goces, terrenos y escatológicos.
Su grandeza esta en como se trenza a las lenguas, a la piel, a los caminos polvorientos, como talismán de nuevas aventuras shamánicas, por los siglos en cada sediento samaritano, que se la bebe, goloso en la mirada, con el oído adormecido donde no se alcanzaron las primeras letras, de los siglos, de los cuerpos y su sed de poseer el tiro de gracia para el alma.
Atemporal o transepocal, seduce, siempre con nuevas artes para nuevos públicos, lo mismo si su factura es milenaria, como recién nacida en el Chat, en las estridencias del bar, si se apoya su autor, en la humedad o en los eriales, del amor, del juego corporal que se insinúa- como ya dijera el viejo Barthes- en ese espacio de delirio, que se mueve acompasado, con o sin tatuaje, entre lo visible al borde sur del pulóver y la pretina del pantalón.
Ella se sabe segura, poderosa, adictiva, como el buen vino y sin importar su edad, ni si su registro quedo en una servilleta con un carmín, o fue prologada por algún sabio al uso: se resbala, esquiva de las casillas, de las propiedades, ella quiere ser libre y feliz, como cualquiera, dondequiera, 24/7, encontrando mas manos que la toquen, mas crepúsculos que la hagan reverdecer, mas encierros insomnes para el instinto de las almas libres, cuando la sed demanda otras catapultas, para escarmentar el miedo, a darse.
Uniendo los infinitos rostros y pasiones que la hacen imposible de ser poseída, reducida a la obediencia, a los poderes, precluida en cualquier panóptico, infiel a las normas, a los miedos, a las estéticas, a las modas de época, su traje, siempre es el del viento nuevo, el frescor o el ardor, escabulléndose de las aduanas, de los recaudadores de impuestos, de las normativas de regla de origen, como en aquella escena de Il Postino, para brindarse sin mascaras, desnuda, a quien la necesita, para ser escrutada, esclava o ama, en tiempos coloniales, en todos los agujeros, en todos los rincones en que la vida pide ser contada, sentida, inventada.
Su aleteo, apunta siempre fuera de las rutinas- del reloj del horrizado Baudelaire y la clepsidra- mas bien a los mundos posibles, y el periplo sin fin de los Quijotes y los Sanchos Panza, de cualquier latitud o escenario histórico, desafiando a lectores y productores, a que procuren dar con su quintaesencia, como sujetos, ensimismados entres sus hojas, en el galimatías de las tropologías y los estertores, de la vida que late, en cada línea de texto, como piezas de un rompecabezas infinito, de un solo poema, el de la humanidad, en el equilibrio siempre inestable, entre tradición y modernidad, como profetizo hace tiempo Paz.
Este ha sido un fin de semana fascinante, con todas las voces y visiones del poema, en un solo canal de Internet, una rostridad dinámica, inasible, contradictoria, multilocatoria y multicultural.
Quiero dar gracias, a ti, por dejarme ser y sentir, en el silencio, toda tu luz, todo tu encanto, sin pretensiones, observar demiurgos de 14 y 16 anos de edad, unidos en la búsqueda de puentes levadizos con otras generaciones, no menos encantadoras, de productores/as y lectores/as que no dejan que perezca la memoria, ni la poesía, ni como practica, ni como pasatiempo, ni como devoción arrodillada, por el hombre y la mujer es este tiempo y de todos los otros.
En paralelo a esa degustación, verdadero manjar de los dioses, acá en la fractalidad, se desaguan ritmos, notas, rostros atormentados de poetas que musican canciones, todo mientras repiquetean temas como Elevation, Living la vida loca, Sabina, El topo, Fito, Joan Manuel, tejiendo una red de encuentros y posibilidades transoceánicas, en parte gracias a la convergencia de las tecnologías, al tiempo que el ojo se deslizaba por los distintos seudónimos o nicks, fascinante! Misteriosos, barrocos, cultos, callejeros, como la poesía misma.
Coger, recoger y dejar, en medio de la selva de letras y la desmesura de sus sentidos.
Me la he pasado súper, nunca pensé que se podía gozar de ti, a tal distancia, en los instantes de comunión, autentica creación colectiva, de un testimonio, de que existimos en la tierra y que tenemos muchas ganas de ser, como cada quien es, quiere ser o piensa que es.
Detrás de este océano de figuras o tropos, incitantes, Atemporalia edípica, están los dedos, el corazón y la piel de un ser humano, que se ha cansado de rumiar, soledades y sueños, en la soledad de su cuarto, abre la ventana, y hace florecer el día, de el o de ella misma, como de quienes tenemos el grato placer de convivir con su pensamiento, libérrimo, indómito, de hombre o mujer, poeta.
Los sarcófagos de los prestigios y voces de siglos siguen resonando, en estos ecos del hoy-ayer-mañana, atravesados por los usos de lengua y discurso, como si en una gigantesca convención asamblearia- mas perfecta, lúdica y contradictoria que la democracia directa en los cantones suizos- ebrios de besos, de sueños, cada uno se dedicara con la pasión y la dedicación de un orfebre a tejer, la arquitectura de la memoria de la humanidad toda, en unos pocos versos, en las visiones a veces delirantes, del o la poeta.
Sonar, en libertad, como si todo dependiera de la capacidad de no sentirte conforme, ni alcanzar la estatura gris del adulto, sino seguir medrando para toda la eternidad, allí, donde el juego, la magia, nos alcanza, perpetuando a cualquier lugar y circunstancia, la tardoadolescencia, febril, irreverente, inquisitiva, de la poesía.
Y de tantas batallas por el amor al sentir y al imaginar, nos queda a ratos, la melancolía- la rabia, la esperanza, la alegría- de fiestas infinitas, donde las danzas no paran, ni nadie mira al reloj, en los ocios adultos, siempre en perpetua renovación.
Irreductible, como la libertad, la poesía, atemporalia edípica, se va desvistiendo de lo aprendido, sumergida hasta la cintura en el desaprender, jugando con los parpados y el parpadeo, de siglos, mas allá de la vida y de la muerte, mientras se empapa, de unas ganas infinitas de cruzar mares, de resbalar por montanas de dudas y quedarse trémula, acunada en una hoja, como quien espera el príncipe, al rescate, el ojo provocado del lector/a.
Que puede decirse, que no este dicho ya, si no hay nada bajo el sol, Como argumentaba el salmista?
Esa es la llave, a los infinitos acertijos y modos de ser en el mundo, del o la poeta. Responder como la fresca agua del río heraclitiano, una y otra vez, hasta el infinito, de nuevas formas, las viejas preguntas, codiciar la gloria, la mansedumbre o tejer los visillos, con y en la poesía, que es lo mismo que decir, allí, donde nada mas que el pensamiento y la acción, nos galopan en las sienes.
Cerrar los ojos y no ver más que cuerpos, diseños policromos, agitados sin moverse del sillón, radicalmente browmonianos, como los radicales libres, un minuto de paz y silencio, cuando sentimos que el mundo se desarma o que este si es verdad, que será el último día para todas y todos. Pero no, nos queda aun la poesía.
De ti me ha fascinado, que por fin te has decidido a dejarte acariciar, como un potro salvaje regalado para sus juegos a cualquier emperador, o ciudadana, poblando la anonimia de las ciudades, con sus ruidos, sus repiqueteos de cláxones, en las horas pico, mientras en alguna terminal -de trenes, autobuses, puertos o aeropuertos- unos dedos se deslizan por tu rostro, secan lagrimas y meten en tu bolsillo, una nota calmante, con unos versos, los cuales, mientras mas relees, y tocas, en la distancia, te arrancan nueva vez el llanto, como compensación silente de los adioses.
Vivir, sentir, encaramarse en la alegría, como rueda de la fortuna, es lo que nos dejo la modernidad, a menos que tomemos la puerta trasera que da a los placeres aristocráticos y no regulados, como la lectura y muchos más que seria largo de contar, de no existir esa vocación de síntesis en la poesía.
Me quedo con la poesía, como deber y encuentro, lo mismo en la taberna como en la biblioteca dos polos hibridados, en la genialidad de Pushkin- más allá del aburrimiento, la hipoteca o capitulación de la razón, cuando parece que tocamos fondo y los días son todos iguales, como dijera alguna vez el poeta, Amable López Meléndez, al filo de los 80s.
Por eso celebro, cada músculo tenso o relajado, cada aporreo de pianista en el teclado, cada nueva visión del mundo en el camino tortuoso que conduce a los versos y a los besos, probablemente por una antigua deformación profesional de tipo panteista o pansexualista, cultiva en los primeros anos, de encontrarme contigo, sabiendo que eras mucho mayor que yo, pero aun así, no pude resistirme al naufragio, y aunque entro y salgo, de mundos hechos con palabras, dentro y fuera de la poesía, no me cabe la menor duda, que el día que me marche para siempre de ti, en esta vida, seguiremos cultivando en otros planos, las pasiones sin edad, irredentas, como hemos venido haciéndolo en docenas, cientos, miles de voces y lenguas, por todos los siglos en que hemos decidido eternizarnos, como atornillados, a tu música y el perfume etéreo, con que sobresaltas mis sentidos, sin aviso, sin permiso, sin tregua, desde el día que te conocí, en una azotea solitaria, entre mis temas precoces, por allá por los 70s, con otro corte de pelo, junto a los niños y niñas-flor y Woodstock, Yale, rodilla en tierra, aun frescos en la piel, las noches del non conformance...
Me quedo contigo, aunque digan que estas muerta. Ya lo decía mi analista, me encantas, así, sin ningún retoque, distorsión -domesticación o cirugía- silvestre, rebelde, instintiva, iconoclasta visceral, atemporal y edípica.
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Testifico y doy fe, de que ella existe, mas que dentro de los pechos, en los delirios mas allá de las instrumentalizaciones mercantiles, para recordarnos que algo falta, cuando no se dispone de tiempo, para sentir, reflexionar, perdonar, acariciar o saltar sobre la solemnidad de las estatuas ecuestres, armados solo con un puñado de versos o un beso
Dado en Santiago de los Caballeros a los 8 días de Octubre, a 2006 anos, después de Cristo.
Yoe F. Santos
http://www.yoesantos.com
P.D.Testimonio voluntario de un lector gozador de la poesía, luego de extasiarme, en la voluptuosidad e infinitos rostros, fusiones e injertos, que ella con su toque mágico e impúdico, genera en todas las almas que conforman estas comunas, de nuevo cuno -que son los blogs, los portales y canales especializados- en su producción, circulación, preservación y consumo como brizna de luz, en el continoum frenético- engendrado por la convergencia de sus amantes, principiantes, aficionados y profesionales- en cualquier lugar, territorio, haz de bits y corazones, que se resisten a dejar de latir, por la libertad y voluntad propias.
Hoy será muy difícil la profecía orwelliana del Gran Hermano, a la normativa bestial de Farenhait 421 la poesía nos viaja en la sangre, tiñe nuestra memoria y hace posible, la humanidad, cuando se creía posible, la domesticación del alma humana, para convertirnos en simples consumidores de la frase hecha o la chatura gris, de la caja tonta.
Gracias Mundo Poesía, por ayudar a tantas personas a vivir - en la riqueza interior, en el templo del alma y sus extravíos- y a cultivar una y otra vez, los nuevos modos de decir, pilares en que descansan: la esperanza de la paz, la libertad y la infinitud de la solidaridad -y la condición- humanas.