[center:efd7cba5a7]
Mi suegra nunca me quiso,
y era tremenda metiche en las cosas de mi casa;
que a veces tenía que irme, por tal de yo no matarla.
Mi mujer me suplicaba que nunca le hiciera caso,
Que quizás se calmaría con el paso de los años.
¡Si aja! Te lo voy a creer a ella le comentaba.
Para colmo de mi suerte,
cada vez que se enfermaba a casa iba a parar;
y tenía que soportarla por tres o cuatro semanas.
Ella tenía otras hijas, mi mujer y tres hermanas,
Y le sacaban el cuerpo para ninguna cuidarla;
Hacían como Pilato, que las manos se lavaban.
Un día llegué a mi casa, y allí mi mujer llorando,
Me dijo-¡Bendito mami murió!
Y rápido contesté -¡Pues mandemos a cremarla!
Agarré mi celular y llamé a la funeraria,
Para que arreglaran todo antes del fin de semana;
Por fin todo se cumplió y en le horno la zumbaban.
Ya el proceso terminado recogieron las cenizas,
para su partida honrarla; las pusieron en un cofre;
y aún así después de muerta no podía soportarla.
Me subí a un décimo piso en donde el viento soplaba,
Cogí el cofre y lo abrí , y ya convertida en polvo,
A mi suegra tan maldita la arrojé por la ventana.
[/center:efd7cba5a7][color=bl[/color]ue]
Mi suegra nunca me quiso,
y era tremenda metiche en las cosas de mi casa;
que a veces tenía que irme, por tal de yo no matarla.
Mi mujer me suplicaba que nunca le hiciera caso,
Que quizás se calmaría con el paso de los años.
¡Si aja! Te lo voy a creer a ella le comentaba.
Para colmo de mi suerte,
cada vez que se enfermaba a casa iba a parar;
y tenía que soportarla por tres o cuatro semanas.
Ella tenía otras hijas, mi mujer y tres hermanas,
Y le sacaban el cuerpo para ninguna cuidarla;
Hacían como Pilato, que las manos se lavaban.
Un día llegué a mi casa, y allí mi mujer llorando,
Me dijo-¡Bendito mami murió!
Y rápido contesté -¡Pues mandemos a cremarla!
Agarré mi celular y llamé a la funeraria,
Para que arreglaran todo antes del fin de semana;
Por fin todo se cumplió y en le horno la zumbaban.
Ya el proceso terminado recogieron las cenizas,
para su partida honrarla; las pusieron en un cofre;
y aún así después de muerta no podía soportarla.
Me subí a un décimo piso en donde el viento soplaba,
Cogí el cofre y lo abrí , y ya convertida en polvo,
A mi suegra tan maldita la arrojé por la ventana.
[/center:efd7cba5a7][color=bl[/color]ue]