Ansel Arenas
Poeta que considera el portal su segunda casa
Arecito
Hay amigos
que mueren y con ellos
deseamos morir.
Amigo
te fuiste en diciembre,
tus ladridos
de eco profundo están
por la casa
y en el sofá de la sala
de estar
te veo saltar buscando
los abrazos
y nuestro cariño sobre
tu cabeza
de grises pelajes y tierno
algodón.
Amigo
no sabías de tristezas
hasta que la muerte
que a los buenos
acecha, decidió llevarte
como lo acostumbra
sin decir
hoy te llevaré, aunque
no lo quieras
y tu suspiro profundo
resistió partir.
Tus pasos inquietos
se alejan
de casa, la pequeña
manada
ya no te persigue,
te mira volar
persiguiendo estrellas
donde la hierba
estelar nunca apaga
sus luces.
Alegran
mi sueño tus hilos de sol,
dices volveré
cuando el cielo lo quiera
de las tierras,
donde habitan amigos
verdaderos, libres
de maldad.
Extraño
tus ladridos, mi corazón
se agita
te llevo la muerte de esta
vida a otra
destino a la cumbre
de lo eterno,
al llegar la inesperada
podremos jugar
con tu etérea manada
en el valle
de los seres felices.
Hay amigos
que mueren y con ellos
deseamos morir.
Amigo
te fuiste en diciembre,
tus ladridos
de eco profundo están
por la casa
y en el sofá de la sala
de estar
te veo saltar buscando
los abrazos
y nuestro cariño sobre
tu cabeza
de grises pelajes y tierno
algodón.
Amigo
no sabías de tristezas
hasta que la muerte
que a los buenos
acecha, decidió llevarte
como lo acostumbra
sin decir
hoy te llevaré, aunque
no lo quieras
y tu suspiro profundo
resistió partir.
Tus pasos inquietos
se alejan
de casa, la pequeña
manada
ya no te persigue,
te mira volar
persiguiendo estrellas
donde la hierba
estelar nunca apaga
sus luces.
Alegran
mi sueño tus hilos de sol,
dices volveré
cuando el cielo lo quiera
de las tierras,
donde habitan amigos
verdaderos, libres
de maldad.
Extraño
tus ladridos, mi corazón
se agita
te llevo la muerte de esta
vida a otra
destino a la cumbre
de lo eterno,
al llegar la inesperada
podremos jugar
con tu etérea manada
en el valle
de los seres felices.