Vuelven olas
cubiertas por propio hollín.
No hay carnada que pueda
ver el corazón del pan requerido.
Derriban
desde aquí
al gigante que podía
cambiarlo todo
en la desesperación del no saber.
No hay ya bailes,
ni mascaras,
ni luces apaciguadas;
el oráculo
se ha llamado a silencio.
Solo restan
ahogados extravagantes
que tocan fondo
y respiran epitafios.
cubiertas por propio hollín.
No hay carnada que pueda
ver el corazón del pan requerido.
Derriban
desde aquí
al gigante que podía
cambiarlo todo
en la desesperación del no saber.
No hay ya bailes,
ni mascaras,
ni luces apaciguadas;
el oráculo
se ha llamado a silencio.
Solo restan
ahogados extravagantes
que tocan fondo
y respiran epitafios.