IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Despierto pensativo, entre anacolutos,
mi yo en disputa,
y mis pensamientos
libres entre la cárcel
de toda emoción abarrotada,
de mi imaginación,
tan limitada como mi cuerpo,
porque somos gravedad,
edades de tristeza temprana,
única lágrima, tan pesada y dolorosa,
como única la madre que se nos fallece,
entre las costas de la dificultad,
los muros se levantan,
así como el sol se esconde,
y la tormenta domina,
así como cualquier divinidad alabada,
entre desastres nunca prometidos,
desde el mañana ahora lejano,
la tarde del universo asfixia todo cielo,
la vida roza su delirio,
la locura es un arma para el necesitado,
y la mente, muerte,
para el que escuche solo a su corazón,
entre lúgubre carmín
el cielo anuncia su noche,
y caemos rendidos,
a los pies de aquel punto final.
mi yo en disputa,
y mis pensamientos
libres entre la cárcel
de toda emoción abarrotada,
de mi imaginación,
tan limitada como mi cuerpo,
porque somos gravedad,
edades de tristeza temprana,
única lágrima, tan pesada y dolorosa,
como única la madre que se nos fallece,
entre las costas de la dificultad,
los muros se levantan,
así como el sol se esconde,
y la tormenta domina,
así como cualquier divinidad alabada,
entre desastres nunca prometidos,
desde el mañana ahora lejano,
la tarde del universo asfixia todo cielo,
la vida roza su delirio,
la locura es un arma para el necesitado,
y la mente, muerte,
para el que escuche solo a su corazón,
entre lúgubre carmín
el cielo anuncia su noche,
y caemos rendidos,
a los pies de aquel punto final.