danie
solo un pensamiento...
y las hojarascas de un tiempo se entierran con sus preces.
Cuando en la procesión de santos y mártires
el viento limpia los despojos de sueños y memorias,
residuos de efímeras y mortales procedencias,
retratos de sombras vanas estigmatizadas con fuego eterno,
obscenos bejucos y helechos asidos a las trincheras de la fosa de los lamentos.
Cuando nuestro llanto hereda los vientres fríos de un silencio,
vientres que engendran los arcanos y sigilosos
torrentes de una polución descarnada sobre la tierra
y sus riachuelos en los que nace el fruto podrido de un litúrgico designio humano
Entonces nos postramos sobre el origen de nuestro yermo inútil
y vemos que un Sol rancio y muerto ha bajado aquí para asolarnos
como a ofuscados cicateros a los cuales la escoria consume.
Un alarido de abatimiento nos vela con su habitar
en el feudo de un crepúsculo y su sangre mustia de un poniente.
Ciegos por el hedor de una pompa arrepentida
y ebrios detrás de los ojos de la muerte.
Así invocamos a un cosmos de mortecina beldad,
un velo sideral de escarcha invernal que nos recoge en su seno gélido,
posado en el horizonte de un cielo y de la tierra.
Así la añoranza de los sedimentos,
huesos y cadáveres que florecen en el recinto grana de una oración hipócrita,
la misma que nos bautiza con su credo,
nos alza con sus tumbas de gloria hacia las ciénagas,
oscuras manchas de devoción beatífica,
carbonización de anatemas proscriptos,
tumultos de clérigos sin Dios
Dejando una brecha de luz cernida en las sombras.