Marisol_
Poeta adicto al portal
Dicen que Anita tenía
de mascota a un lorito,
todo, todo repetía
se pasaba de listillo.
Una tarde que llovía
se salió el muy diablito,
una gripe el cogía
que lo dejó bien ronquito.
Ahora está convaleciente
tiritando en su cama,
quien le manda ser valiente
estará ahí una semana.
Anita lo cuida tanto
que hasta le prepara un té,
pone de cabeza un santo
para que vuelva a ser él.
El lorito acongojado
se sorbe de golpe el té,
mas su voz sigue faltando
y no lo puede creer.
¡No sufras mi loro hermoso!
Dice Anita susurrando,
mañana será grandioso
verás que estarás cantando.
Poema XXVI
22-01-2022