El ermitaño
Poeta recién llegado
Animal herido
Al principio
llené de sueños mi perola,
de anhelos infantes,
exploraba el mundo
y sus rincones.
Un fuego primordial
flameaba en mi alma
como el estandarte
de una promesa.
Y cuando di con lo demás
colmé de lunes la semana,
me cobijé con miedo
y con una gris túnica de tedio.
¡Me hirieron como un rayo al cielo,
tras un tajo luminoso, llueve sangre!
La verdad, me alejé de nadie,
porque en el centro de la multitud
siempre anduve solo.
Entonces incendié cada palabra
con las llamas de la ira.
Devolví cada estocada con
fría certeza,
erigí muros de hielo para,
entre el gentío, yacer intacto.
Me ahogué en un lago de triste silencio.
Y así pasaron los años.
Hoy me encontrarás sentado
un lunes sombrío,
te sabré extraño y marchito,
reinando mi tugurio
en un sillón desvencijado,
mirando tras las rendijas
como un animal herido
la ciudad y sus delirios.
Al principio
llené de sueños mi perola,
de anhelos infantes,
exploraba el mundo
y sus rincones.
Un fuego primordial
flameaba en mi alma
como el estandarte
de una promesa.
Y cuando di con lo demás
colmé de lunes la semana,
me cobijé con miedo
y con una gris túnica de tedio.
¡Me hirieron como un rayo al cielo,
tras un tajo luminoso, llueve sangre!
La verdad, me alejé de nadie,
porque en el centro de la multitud
siempre anduve solo.
Entonces incendié cada palabra
con las llamas de la ira.
Devolví cada estocada con
fría certeza,
erigí muros de hielo para,
entre el gentío, yacer intacto.
Me ahogué en un lago de triste silencio.
Y así pasaron los años.
Hoy me encontrarás sentado
un lunes sombrío,
te sabré extraño y marchito,
reinando mi tugurio
en un sillón desvencijado,
mirando tras las rendijas
como un animal herido
la ciudad y sus delirios.
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