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Anhelo de cientos

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Desahuciado,
las cadenas de un futuro desgarrado,
panorama desolado,
a su lado me derrumbo,

somos segundos marcados en el reloj,

peones de una guerra perdida,

lamentos
que nos sentencian en la lejanía,
la envidia brota de su divina comedia,

circunstancias elucubradas,
volviéndonos artífices de nuestra condena,
victimas de un lucero ahora oscurecido,

ennegrecido el cielo,
dicta sentencia al florecido,

plausible la arraigada entereza
del que no le reza al miedo,

visible la cordura en la grandeza,

porque no se vive de rodillas,
ni tampoco sin cabeza,

nos amaremos como valientes,
como luna y sol,
redescubriendo el equilibrio
cada vez que se oyen las estrellas,
cada vez que nos nutre su acontecer,

en nuestro cuerpo,
santuario de tiempo amanecido,

las marcas del pasado nos entintan la piel,
como a un libro abierto,

nos leemos el alma,
entre sinergia y convicción,

pasión de un suceso que se creía perdido,

en nuestros ojos,
almas de carácter,

la lozanía y su inocencia
es una virtud inefable,
porque volvemos palpable la semilla,
tan etérea como efímera
pero nunca negociable,

fluiremos desde la tarde
hasta el inconmensurable atardecer,
de un rojo carmesí
que tiñe nuestros labios,

y nos volveremos noche azabache,
plenilunios seculares,
trémula avaricia,
conmociona a toda divinidad,
ensoñación que enamora,
besando al destino,
abrazando su hiel,
inmortalizando nuestra piel,
porque hemos recorrido nuestro sueño,

fragmentos en el viento,
consciencia tranquila,
el anhelo de cientos.
 
Ciertamente somos el producto de una auténtica evolución; que ha durado miles de miles de siglos. Y, aunque muchos no lo crean, seguimos... y, seguiremos bajo el mismo proceso hasta alcanzar el verdadero equilibrio emocional... pero, sobre todo intelectual. (es lo que pienso). Gracias por poner un tema tan interesante y controvertido, bajo la lupa (de nuestra evolutiva racionalidad).
Cordialmente:
 
y nos volveremos noche azabache,
plenilunios seculares,
trémula avaricia,
conmociona a toda divinidad,
ensoñación que enamora,
besando al destino,
abrazando su hiel,
inmortalizando nuestra piel,
porque hemos recorrido nuestro sueño,

fragmentos en el viento,
consciencia tranquila,
el anhelo de cientos.

Espectacular poema estimado poeta Emiliano Facundo. Un abrazo con la pluma del alma
 
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