Marcos Estrada
Poeta recién llegado
Entrelazados por venas multicolores, cuando el corazón se exalta por un ataúd lleno de reflejos tocando las retinas, tu nariz dentada, mordiendo tu gran boca llena de cristales rotos, un manantial de placer.
Aguijones de escorpión, tus uñas ensangrentadas, negras enterrándose en el corazón, llegando a los globos oculares, llenos de electricidad y dendritas, tus oídos presionados en un pito incansable, aturdidor, te marea, te bota, tal ola reventando en la orilla de las rocas.
Agitaste tus grises alas, de ensueño, tus garras extendidas, al acecho, tus manos abriéndose de tus codos, tocas el fondo del ser, atrapas la columna vertebral, subes hasta las costillas y las arrancas.
En un plato sin fondo lleno de fango, comes la carroña en una plaza sin centro, sin gravedad, si ya las estrellas en el inmenso cielo se dejan ve, llegaste al límite, las hendiduras de tus alas solo te hacen recordar lo que solías ser y todo lo que eres para sobrevivir.
Aguijones de escorpión, tus uñas ensangrentadas, negras enterrándose en el corazón, llegando a los globos oculares, llenos de electricidad y dendritas, tus oídos presionados en un pito incansable, aturdidor, te marea, te bota, tal ola reventando en la orilla de las rocas.
Agitaste tus grises alas, de ensueño, tus garras extendidas, al acecho, tus manos abriéndose de tus codos, tocas el fondo del ser, atrapas la columna vertebral, subes hasta las costillas y las arrancas.
En un plato sin fondo lleno de fango, comes la carroña en una plaza sin centro, sin gravedad, si ya las estrellas en el inmenso cielo se dejan ve, llegaste al límite, las hendiduras de tus alas solo te hacen recordar lo que solías ser y todo lo que eres para sobrevivir.