Ansel Arenas
Poeta que considera el portal su segunda casa
Andar la calle del enojo...
En la noche errática del viento
tornarlo de huracán en lluvia
leve, que a su paso nada
arrase y calme la sed
del moribundo, es milagroso.
Ayudar al guardián
de los silencios que todo calla
y no dejarlo sufrir
por los secretos, es piadoso.
.
Resistir las fauces
del violento agrede todo
y hacerlo sentir como el abrazo
hermano puede invertir el odio
en cálida ternura, es asombroso.
Andar la calle
del enojo y sacar lo mejor
de ser sensato, es formidable.
Ser un encantador
de crótalos y engendros,
expulsar el mal que llevan
dentro para que su veneno
no enferme el jardín terrestre,
es propio de la magia
de un sanador de mundos.
En la noche errática del viento
tornarlo de huracán en lluvia
leve, que a su paso nada
arrase y calme la sed
del moribundo, es milagroso.
Ayudar al guardián
de los silencios que todo calla
y no dejarlo sufrir
por los secretos, es piadoso.
.
Resistir las fauces
del violento agrede todo
y hacerlo sentir como el abrazo
hermano puede invertir el odio
en cálida ternura, es asombroso.
Andar la calle
del enojo y sacar lo mejor
de ser sensato, es formidable.
Ser un encantador
de crótalos y engendros,
expulsar el mal que llevan
dentro para que su veneno
no enferme el jardín terrestre,
es propio de la magia
de un sanador de mundos.