CUENDE
Poeta recién llegado
Con sus instrumentos sangrantes,
este cuerpo que supura dolor
desde la aurora hasta el ocaso,
compone roncas sinfonías dodecafónicas
anunciándome; no sé, si
la obertura, la sinopsis o el último acto de mi carne.
Los músicos de esta orquesta que llevo dentro
no dejan de afinar la keratina de mis uñas,
(que yo llamo marfil), teclas de mi piano interno;
la flauta travesera que infla mis pulmones;
las cuerdas del violín, que se llaman vocales;
los timbales graves de mi corazón;
los pistones del bombardino que mueven mis riñones,
o el sacro violonchelo.
Y, sin embargo,
después de algunos años como director de orquesta,
aún no recuerdo dónde olvidé mi batuta.
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Isaac Cuende:
este cuerpo que supura dolor
desde la aurora hasta el ocaso,
compone roncas sinfonías dodecafónicas
anunciándome; no sé, si
la obertura, la sinopsis o el último acto de mi carne.
Los músicos de esta orquesta que llevo dentro
no dejan de afinar la keratina de mis uñas,
(que yo llamo marfil), teclas de mi piano interno;
la flauta travesera que infla mis pulmones;
las cuerdas del violín, que se llaman vocales;
los timbales graves de mi corazón;
los pistones del bombardino que mueven mis riñones,
o el sacro violonchelo.
Y, sin embargo,
después de algunos años como director de orquesta,
aún no recuerdo dónde olvidé mi batuta.
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Isaac Cuende: