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ANATOMIA DODECAFONICA ( Autorretrato)

CUENDE

Poeta recién llegado
Con sus instrumentos sangrantes,
este cuerpo que supura dolor
desde la aurora hasta el ocaso,
compone roncas sinfonías dodecafónicas
anunciándome; no sé, si
la obertura, la sinopsis o el último acto de mi carne.

Los músicos de esta orquesta que llevo dentro
no dejan de afinar la keratina de mis uñas,
(que yo llamo marfil), teclas de mi piano interno;
la flauta travesera que infla mis pulmones;
las cuerdas del violín, que se llaman vocales;
los timbales graves de mi corazón;
los pistones del bombardino que mueven mis riñones,
o el sacro violonchelo.

Y, sin embargo,
después de algunos años como director de orquesta,
aún no recuerdo dónde olvidé mi batuta.
[/COLOR][/B]





Isaac Cuende:
 
No sé que son las sinfonías dodecafónica, pero se que siento envidia cochina, ante tanta maestría.....y encima director de orquesta....lo dicho, envidia cochina.

Un besazo.
 
CUENDE dijo:
Con sus instrumentos sangrantes,
este cuerpo que supura dolor
desde la aurora hasta el ocaso,
compone roncas sinfonías dodecafónicas
anunciándome; no sé, si
la obertura, la sinopsis o el último acto de mi carne.

Los músicos de esta orquesta que llevo dentro
no dejan de afinar la keratina de mis uñas,
(que yo llamo marfil), teclas de mi piano interno;
la flauta travesera que infla mis pulmones;
las cuerdas del violín, que se llaman vocales;
los timbales graves de mi corazón;
los pistones del bombardino que mueven mis riñones,
o el sacro violonchelo.

Y, sin embargo,
después de algunos años como director de orquesta,
aún no recuerdo dónde olvidé mi batuta.
[/COLOR][/B]





Isaac Cuende:

Hola amigo... muy bonito.... la batuta la sigues teniendo tu.-.... solo cierra los ojos y verás como de repente volverás a encontrate, tanti a ti mismo como a tu batuta.
besitos
 
Con sus instrumentos sangrantes,
este cuerpo que supura dolor
desde la aurora hasta el ocaso,
compone roncas sinfonías dodecafónicas
anunciándome; no sé, si
la obertura, la sinopsis o el último acto de mi carne.

Los músicos de esta orquesta que llevo dentro
no dejan de afinar la keratina de mis uñas,
(que yo llamo marfil), teclas de mi piano interno;
la flauta travesera que infla mis pulmones;
las cuerdas del violín, que se llaman vocales;
los timbales graves de mi corazón;
los pistones del bombardino que mueven mis riñones,
o el sacro violonchelo.

Y, sin embargo,
después de algunos años como director de orquesta,
aún no recuerdo dónde olvidé mi batuta.






Isaac Cuende


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¡Para qué querés la batuta!, ¡para qué!, Corazón de Orquesta . Si la tuvieras, yo no hubiese recibido esta postal viva de tu alma en carne viva y de tu carne en plena sinfonía.

Bueno, de todos modos, en una pompa te mando una varita y en otra, una bombilla. Nomás por la ilusión de dirigir, al menos por un rato, ¡lo que te plazca!.

Besabrazos.
 
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