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ANAIRAM

Angelous d Selene

Poeta recién llegado
ANAIRAM
Por: Angelous D selene †.
LEO_SELENNE@HOTMAIL.COM

En las paredes de mi propia existencia, busco tu
rostro. Olor a humedad que se ha mezclado con la
soledad, penetrando por mis poros hasta el último de
mis huesos.
Insomnio que me atormenta, por que del sueño, solo se
un falso argumento, convertido en alimento de ese
maldito cuervo oscuro llamado tiempo.
Y no me detengo en el funesto acto, escribiendo tu
nombre, enardecido por el profundo silencio.
Las paredes parecen llamarte, It so facto. 1
Me detengo aterrado, la sangre de mis venas se ha
congelado al clavar mis ojos en el cristal que me ha
despertado.
De las pálidas piedras donde he escrito tu nombre,
haciéndome parecer un proscrito en espera de la
condena e mirado reflejado tu nombre, Anairam. Ese
nombre que me grita desde el espejo, es ahí donde
esta el verdadero secreto. Veré e hice, quedarme
ciego, oí sin querer y la muerte cortes se digno a
escucharme, pero jamás a complacerme.
Pero, no eres tu, a quien deseo en mis horas funestas,
sintiendo el calor de tu cuerpo en la nocturna
melancolía, se que al tocarte soy un muerto, de tus
labios hoy día mi tormento.
Es ella, que esta en la habitación de mi mente y de la
cual no se a largado, mil veces maldita, por que, yo
mismo en ese espacio un santuario le e construido.
Ab imo pectore.2
Mis sentidos dislocados ruedan por las escaleras,
donde el silencio de los huesos, es la espina
retorcida de mi destino, clavándose en mis pies
descalzos.
Es el valle de los muertos, donde la muerte me ata y
desata, en un juego del que nadie se escapa de
pasiones perdidas, se arrastran mis horas mas
calladas.
Y busco tu mano en las sombras, desesperado me largare
en busca de los sueños menos dolorosos, intentare en vano
escapar de tu pérfida mirada, por que de mi ya no se
absolutamente nada.
Columnas de demencia se levantan sobre el mármol negro
de mis fantasmas.
¿Pero que es un fantasma? soy yo, que e dejado este
cuerpo mío desgarrado entre tus brazos, un lúdico
recuerdo de formas imprecisas, etéreas y volátiles.
Espíritu que vaga en el albedrío de las infamias y que se
muestra oculto para tus ojos, pero visible para tu
alma.
Tu nombre ya no puedo pronunciar, por que labios no
tengo, mirarte mucho menos, pues el hielo de tu cuerpo
ha secado mis ojos por completo, tocarte es imposible
si te diluyes con el vapor de lo incierto.
Solo me quedas en recuerdos que duelen, córtame el
cuello que llevo por camino, sin compasión arráncame
el corazón para no sentir por siempre el mismo dolor.
En algún sucio rincón el viento se vuelve mas frió y los
cielos màs grises acompañados de lamentos en hojas que el
tiempo arrastra por el polvoriento suelo, todo ante mi
solo es difuso y no te comprendo.
No es que aun te quiera, es que no te olvido, perdido
en las líneas de tu destino, los moribundos tienen fè
en no sentir dolor al morir y yo tengo fè en encontrar
de tus labios aun el sabor antes de partir.
-Levántate y anda – es la muerte vencida, mas no lo
será por siempre. ¿Pero a donde iras?
De tu encuentro final no escaparas, la tempestad de la
existencia se limita al orden humano de lo
incomprensible, la maldad a la mas pura afanad de la
cruel verdad y esa verdad es humanidad, si e nacido de
un inconsciente eterno, abriendo los ojos para
cerrarlos de nuevo en el mismo pensamiento animal, sin
comprensión de la realidad de mi propio averno.
Emprendo la búsqueda y en esa búsqueda eterna, es
donde arde el fuego de las memorias, hay días que
somos rocas ancladas en el océano de nuestras ideas,
sin olvidar nuestra volátil consistencia de absurdas
incongruencias.
Despierta mis intranquilos delirios en absoluta
conjunción del intempestivo camino, donde la sangre se
vuelve pesada y el cuerpo un constante complejo.
El alrededor simplemente se torna una noche de
lágrimas, esporádicas sensaciones de felicidad.
Pero al final, sigo sin entender el alma humana, mi
propia alma. Del silencio solo se que eres tu, una voz
oculta detrás de los sonidos desafiantes del Oráculo
Delfos, profecía enviada por el mismo Zeus a las
corrientes de la fuente Castalia. Desde ahí profetizas
mi destino, pero no adivinas mi instinto.
Que me coloca A fronte praecipitum a tergo lupi.3
Te invoco en el trípode como a un dios para que
regreses, pero te pierdes entre los perfumes y las
danzas de mi locura. ¿Acaso, no me responderás? Pues
ya eres una diosa, desde el trono supremo te burlas
victoriosa.
Las sangrientas llagas de mis manos suplicantes, se
doblan por los terribles dolores, manifiesto de
latidos aun existentes de vida, pero ausentes de
humanidad.
Desde la eternidad, no hay mas respuesta a mi
pregunta, del presente solo el mañana y del mañana no
se nada.
Aferrado a los pilares de la exaltación mis demonios
internos conjuran contra la lucida imaginación que ya
no domino. Sombras y luces.
He desnudado las insignificantes palabras, hasta
encontrar el principio que todo ser niega es el deseo
que se mezcla con dolor a culpa, estupida disculpa de
mi debilidad carnal. Por que nada justifica el caer
ante la tentación perversa que me quema. A menudo me
pregunto ¿Que es la perversión? y conciencia me
contesta es tu carne hablando a través de tus poros,
son las caricias prohibidas que hierven tu sangre,
pensamientos impuros formulados por tu
Inocencia. Sí, de siluetas intempestivas esta llena tu
memoria, es por que ahí es donde mejor se guardan los
secretos. Miradas que desvisten el cuerpo.
Cayendo lentamente en las pasiones prohibidas me
arrebata el eterno sentimiento.
Puedes huir de lo de perverso y jamás aceptar tu
oculto deseo.
Si las horas te queman en el silencio, donde las
noches no bastan en ese interminable duelo, respiros
encadenados al olvido por el principio activo de la
moral que causa tu propio castigó. Y aun así todos
esos argumentos no son suficientes para comprender lo
perverso.
Me aterra lo que dicen mis adentros ven y despiérname
que las horas heladas consumen mi calor, escucha mi
voz quebrada por las tormentas del miedo.
Maldita la eterna ansiedad de la que no despierto,
sobre mi cabeza la tormenta se cierne en gotas de
sangre y sabes bien que nadie escapa a la guadaña de
la muerte, Mors ultima linea rerum est.4
Pero e regresado de ese limite y no e encontrado el
tibio descanso en mis pies descalzos.
Siempre e caminado a ciegas, allí donde el tiempo
sobra y las tardes largas escudriñan hasta el ultimo
secreto.
Los latidos del corazón al compás del último vals son
tan perfectos que me aterran, no soy yo el que baila,
que se mueve en delicados movimientos, escuchando la
música en el viento. Nada del ayer, nada del ahora es
un lugar, donde el no tiempo es el único enemigo
verdadero.
Todo se convierte en ruego, por algo que no recuerdo o
simplemente recordarlo no quiero.
Humedad ligera de los labios, que no se mueven, pero
hablan y siempre con lo brazos extendidos enes espera
de algo. En la falsedad de mi libertad, callada no
escucho a la libertad que me hace falta, no ahora.
Solo el verbo de la fatídica noche cubriéndome y
vuelvo al principio insoluble de mis melancolías.
Desde la nada, navego en el furioso mar de lo
invisible, te miro sin saber siquiera que volveré.
Bebo de la copa vacía, sediento sin encontrar el licor
que me devuelva algo mas que no sea un falso intento
de olvidados sentimientos.
En un instante cabe la eternidad, pero la vida jamás,
nada como sentir otra vez lo que ya no se distinguir.
Dejare correr mi sangre por la piel, pero no mi
esencia. Nada escapa sin pagar el precio de la
libertad ganada y Solo escribo lo que encuentro en el
instinto, busco y no hallo lo que quiero.
En el amargo llanto a mi mente el recuerdo Habeas
corpus.5
Por que, no dejo de notar tu ausencia eterna, el
tiempo se me acaba agonizante, sin darme un respiro,
lentamente la puerta se me cierra, la luz de la vela
amarillenta se consume con mis palabras, siento un
frió infernal cubriéndome, estoy cansado sin aliento,
no escucho ni mi propia voz, solo el tumulto de mis
fantasmas, siluetas borrosas que me llaman.
Dormiré en una noche larga y fría algo más que eterna,
pero con el último aliento gritare tan fuerte que en
las montañas mi voz resonara con la última frase.
De profundis clamavi cor meun, epur corde tua non
contestad et anima mea non requiescat…5



Jac. Edgar G. Escamilla.
Nota: 1) En el momento.
2) Con todo mi corazón.
3) Un precipicio al frente y los lobos a la
espalda.
4) La muerte es el último límite.
5) De las profundidades ha clamado mi
corazón, sin embargo tu corazón no contesta, y
Mi alma no descansa.
 
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