Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Amorfo Aleph
Cuando bajé,
lleno el espejo de caricias,
dejé la huella
que abrió la herida
Quebró un mar de perlas,
que son dos risas;
que son los hombres,
y son mi vida.
Sentí el dolor ¿Estás ahí?
No contestó. No era nada,
y era todo; era un espejo
de rostro cualquiera.
No hubo clamor,
ni hubo refriega;
tan sólo yo
y algún calor,
que apareció
en la sangre ciega.
Una nube que envolvió
a nuestros cuerpos ya sin sol,
se hizo grande, se hizo estelas
orquestando la ilusión;
se hizo inmensa luz tan bella,
que en el tiempo sólo queda
suspendida la emoción;
zoomorfa la querella,
supernova locución.
Al mundo fui,
y me encontré
con las esferas;
también te vi
llena de vez,
que son las veces
que estás afuera.
Nos dijimos ¡hola!,
y también adiós
Allí nos vemos,
donde hay amor;
ficticios somos
en estas sedas.
Y en lo que pase, te dije ¡no!
Allá el amor es lo que era.
Te quiero aquí de orquídea buena,
junto a mi sol, en el candor
y otras estrellas.
Oí una voz,
si oírla pueda,
y dijo: "¡Aquí!
Aquí y allá
todo son quejas;
la muerte mal,
la vida bien;
un frenesí,
¡y un funeral!"
¿Por quién?
La muerte bien,
la vida mal;
es general sentir amorfo,
que en el pensar
todo nos rueda,
y no hay anverso
sin un mal dorso
Por a moral Aleph suceda.
lleno el espejo de caricias,
dejé la huella
que abrió la herida
Quebró un mar de perlas,
que son dos risas;
que son los hombres,
y son mi vida.
Sentí el dolor ¿Estás ahí?
No contestó. No era nada,
y era todo; era un espejo
de rostro cualquiera.
No hubo clamor,
ni hubo refriega;
tan sólo yo
y algún calor,
que apareció
en la sangre ciega.
Una nube que envolvió
a nuestros cuerpos ya sin sol,
se hizo grande, se hizo estelas
orquestando la ilusión;
se hizo inmensa luz tan bella,
que en el tiempo sólo queda
suspendida la emoción;
zoomorfa la querella,
supernova locución.
Al mundo fui,
y me encontré
con las esferas;
también te vi
llena de vez,
que son las veces
que estás afuera.
Nos dijimos ¡hola!,
y también adiós
Allí nos vemos,
donde hay amor;
ficticios somos
en estas sedas.
Y en lo que pase, te dije ¡no!
Allá el amor es lo que era.
Te quiero aquí de orquídea buena,
junto a mi sol, en el candor
y otras estrellas.
Oí una voz,
si oírla pueda,
y dijo: "¡Aquí!
Aquí y allá
todo son quejas;
la muerte mal,
la vida bien;
un frenesí,
¡y un funeral!"
¿Por quién?
La muerte bien,
la vida mal;
es general sentir amorfo,
que en el pensar
todo nos rueda,
y no hay anverso
sin un mal dorso
Por a moral Aleph suceda.