Marisa
Poeta adicto al portal
Amores de sirena
Sobre la blanca estela del mar
entre las grandes rocas mojadas,
sentada en su gran trono de nácar,
la sirena suspiraba, entre las olas,
y la suave brisa, su pelo peinaba.
Entrada la noche ya estaba,
mas esperando su barco
casi a la orilla aguardaba.
Cada nuevo anochecer
su linda cola, al viento secaba,
quizás, pensando que el azar,
unas bellas piernas, por fin,
le entregara, para así poder llegar
hasta la orilla mas cercana.
Pero los días pasaban,
y la hermosa sirenita,
nunca veía el momento,
de poder caminar,
y salir a su encuentro.
Una noche de tiniebla
cuando una desbocada
tormenta, el mar agitaba,
creyó ver que su velero,
el mar bravío se tragaba.
Sirena, lo estaba viendo
y nadó a toda prisa,
hasta que llegó a la orilla,
donde había encallado.
Asustada, comenzó por evocar
su ya típicos canticos de reclamo
para pedir ayuda a las criaturas
que en el fondo del mar habitaban.
Comenzaron a acudir, de las aguas
lo sacaron, y ella a su lado quedó
entregándole su gran amor,
al bello joven que del naufragio,
había fielmente rescatado.
Sobre la blanca estela del mar
entre las grandes rocas mojadas,
sentada en su gran trono de nácar,
la sirena suspiraba, entre las olas,
y la suave brisa, su pelo peinaba.
Entrada la noche ya estaba,
mas esperando su barco
casi a la orilla aguardaba.
Cada nuevo anochecer
su linda cola, al viento secaba,
quizás, pensando que el azar,
unas bellas piernas, por fin,
le entregara, para así poder llegar
hasta la orilla mas cercana.
Pero los días pasaban,
y la hermosa sirenita,
nunca veía el momento,
de poder caminar,
y salir a su encuentro.
Una noche de tiniebla
cuando una desbocada
tormenta, el mar agitaba,
creyó ver que su velero,
el mar bravío se tragaba.
Sirena, lo estaba viendo
y nadó a toda prisa,
hasta que llegó a la orilla,
donde había encallado.
Asustada, comenzó por evocar
su ya típicos canticos de reclamo
para pedir ayuda a las criaturas
que en el fondo del mar habitaban.
Comenzaron a acudir, de las aguas
lo sacaron, y ella a su lado quedó
entregándole su gran amor,
al bello joven que del naufragio,
había fielmente rescatado.
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