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Amigo mío...

AUGUSTO SILVA ACEVEDO

Poeta veterano en MP
AMIGO MÍO…
SABÍA: que en menos letras, de lo que canta
un gallo y a plena luz del día, pondrías mi
aprecio de cristal en un abismo, en un vacío,
como el que origina tus entresijos aciagos.
Se robustece entonces que no hay coadjutores,
que no hay armonía entre la sangre y la vida.
Yo no soy tu amigo, nunca me lo consentiste,
pagabas mi tentempié de vez en cuando solo,
para encausar la posible idea de cristianismo.
Nunca he sido lo que parezco. Mi aspecto es
solamente la máscara, que los demás quieren
que yo luzca, para no ser el que esgrime con
tinta y papel. Mi acontecer por la vida no es
otra cosa que tu propia ansiedad, hechos
símbolos, química que no nos lleva al mismo
objetivo, ni al mismo camino; y mis acciones,
amigo mío fueron tus propias esperanzas de
ostentar albedrío con en acciones, que nunca
podrás realizar, porque no tienes, ni espuelas,
ni sombrero y menos manila. La sabana, necesita
hombres para el ganado y no para los ideólogos.
Por eso cuando murmuras que el siroco de Cañas
envuelve los arrozales, yo digo que sí, porque
no quisiera decirte, que mi pluma quiere parlar
de flores y de centauros y hasta de Diógenes.
de Sínope, o es que olvidas que Aristipo, quiso
seducir al hombre del tonel, increpándolo a
que olvidara su protesta y asegurándole, que
si pudiese ser sumiso, en vez de cebollas y
lentejas, podría comer al pie de la mesa del
rey. Amigo ¿olvidas la respuesta de Diógenes?
Posiblemente, nunca más me siente a tu mesa,
nunca podrías entender mis esperanzas, porque
cuando a ti te amanece, a mi apenas me inunda
la noche con toda sus penumbras, que inspiran
mi alma, porque estas oscuridades no afectan,
pero hay luces en ambientes que queman la
verdad de esa humanidad que aguanta, que
gime por los yerros del rey. Dime de qué
forma podrás escuchar el canto de la luz de mis
letras, si a ti te deslumbran otros destellos? El
canto de mi oscuridad tiene propiedad privada,
lo entiende el tintero y los papeles que guardan
la idea, la filosofía, y la bendición de la Virgen
del Tepeyac. Tus “amigos” me sancionan y me
echan, yo los condeno a permanecerse en esa
biología de vividores de la ambición y los vicios.
Estando por fuera, como decía Borges, no habrá
lamento, porque todos están por dentro. En un
momento, observaré como tu espíritu ascenderá
a la posibilidad de un cielo, podría ser, que yo a la
vez, o después descienda a mis cavernas, a las
cuencas del mar, a los ríos a las flores, pero usted
amigo mío, será olvidado en su cielo, en cambio
la tinta y mis papeles, jamás me dejarán morir.
¿Has escuchado el Re Mayor del canto de un gallo,
O el La Mayor del bramido de una vaca? En esos
sonidos estarán mis mensajes; pero de seguro estoy,
que en muchos litros de ajenjo, me citarás y a la vez,
les dirás a tus “amigos”, que conociste al último
rapsoda de tu pueblo. Yo ni siquiera soy tu amigo,
y con estos versos estaría encantado de satisfacer
a los que me condenan apartándome de tu presencia.
No somos amigos, jamás me lo permitiste, no obstante:
siempre hemos caminado las mismas sendas y escalado
algunas montañas con árboles juntos y muchas veces,
tu mano se alojó en mi cruz, para gravitar mis locuras;
fueron tus mejores señales y las guardo, en la misma
bolsa del mismo pantalón, donde tengo mi trompo…
augus 29 agosto 2015
 
¡¡¡GENIAL!!! Reflexivo poema, para el aplauso.

AMIGO MÍO…
SABÍA: que en menos letras, de lo que canta
un gallo y a plena luz del día, pondrías mi
aprecio de cristal en un abismo, en un vacío,
como el que origina tus entresijos aciagos.
Se robustece entonces que no hay coadjutores,
que no hay armonía entre la sangre y la vida.
Yo no soy tu amigo, nunca me lo consentiste,
pagabas mi tentempié de vez en cuando solo,
para encausar la posible idea de cristianismo.
Nunca he sido lo que parezco. Mi aspecto es
solamente la máscara, que los demás quieren
que yo luzca, para no ser el que esgrime con
tinta y papel. Mi acontecer por la vida no es
otra cosa que tu propia ansiedad, hechos
símbolos, química que no nos lleva al mismo
objetivo, ni al mismo camino; y mis acciones,
amigo mío fueron tus propias esperanzas de
ostentar albedrío con en acciones, que nunca
podrás realizar, porque no tienes, ni espuelas,
ni sombrero y menos manila. La sabana, necesita
hombres para el ganado y no para los ideólogos.
Por eso cuando murmuras que el siroco de Cañas
envuelve los arrozales, yo digo que sí, porque
no quisiera decirte, que mi pluma quiere parlar
de flores y de centauros y hasta de Diógenes.
de Sínope, o es que olvidas que Aristipo, quiso
seducir al hombre del tonel, increpándolo a
que olvidara su protesta y asegurándole, que
si pudiese ser sumiso, en vez de cebollas y
lentejas, podría comer al pie de la mesa del
rey. Amigo ¿olvidas la respuesta de Diógenes?
Posiblemente, nunca más me siente a tu mesa,
nunca podrías entender mis esperanzas, porque
cuando a ti te amanece, a mi apenas me inunda
la noche con toda sus penumbras, que inspiran
mi alma, porque estas oscuridades no afectan,
pero hay luces en ambientes que queman la
verdad de esa humanidad que aguanta, que
gime por los yerros del rey. Dime de qué
forma podrás escuchar el canto de la luz de mis
letras, si a ti te deslumbran otros destellos? El
canto de mi oscuridad tiene propiedad privada,
lo entiende el tintero y los papeles que guardan
la idea, la filosofía, y la bendición de la Virgen
del Tepeyac. Tus “amigos” me sancionan y me
echan, yo los condeno a permanecerse en esa
biología de vividores de la ambición y los vicios.
Estando por fuera, como decía Borges, no habrá
lamento, porque todos están por dentro. En un
momento, observaré como tu espíritu ascenderá
a la posibilidad de un cielo, podría ser, que yo a la
vez, o después descienda a mis cavernas, a las
cuencas del mar, a los ríos a las flores, pero usted
amigo mío, será olvidado en su cielo, en cambio
la tinta y mis papeles, jamás me dejarán morir.
¿Has escuchado el Re Mayor del canto de un gallo,
O el La Mayor del bramido de una vaca? En esos
sonidos estarán mis mensajes; pero de seguro estoy,
que en muchos litros de ajenjo, me citarás y a la vez,
les dirás a tus “amigos”, que conociste al último
rapsoda de tu pueblo. Yo ni siquiera soy tu amigo,
y con estos versos estaría encantado de satisfacer
a los que me condenan apartándome de tu presencia.
No somos amigos, jamás me lo permitiste, no obstante:
siempre hemos caminado las mismas sendas y escalado
algunas montañas con árboles juntos y muchas veces,
tu mano se alojó en mi cruz, para gravitar mis locuras;
fueron tus mejores señales y las guardo, en la misma
bolsa del mismo pantalón, donde tengo mi trompo…
augus 29 agosto 2015
 
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