tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy de madrugada busqué soluciones en silencio frente al espejo del baño, como si estuviese frente a un portal.
Hice algunas preguntas mirándome fijo a los ojos, de pronto me vi corriendo entre la gente.
Desesperado intenté refugiarme en la ducha, pensando en que todo esto lo pude haber imaginado.
Cuando volví en sí preparé un café bien cargado, quizás para cambiar la página y salir de este vacío.
Pero me conozco bien y sé que son las estrategias mecánico demenciales que genera el inconsciente.
Abrí la ventana para oxigenarme y pude percibir el dolor en el aire, la agresión en las miradas me lo dice todo,
la llovizna me sorprendió mojándome levemente el rostro. Vi el guarecer de las aves entre los árboles.
Imaginé su búsqueda sobrevolando las calles como una de ellas, simplemente disfrutando de mi fantasía real.
Un horrible Sonido pegó de lleno en mi cerebro y de inmediato recordé que tenía el celular en el bolsillo.
Con una sonrisa nerviosa silencié la alarma. Amarilleé de realidad desplomado sobre el sillón
que me sumergía de lleno a ese universo chato de los hombres grises, obligados sistemáticamente a olvidase de vivir.
Hice algunas preguntas mirándome fijo a los ojos, de pronto me vi corriendo entre la gente.
Desesperado intenté refugiarme en la ducha, pensando en que todo esto lo pude haber imaginado.
Cuando volví en sí preparé un café bien cargado, quizás para cambiar la página y salir de este vacío.
Pero me conozco bien y sé que son las estrategias mecánico demenciales que genera el inconsciente.
Abrí la ventana para oxigenarme y pude percibir el dolor en el aire, la agresión en las miradas me lo dice todo,
la llovizna me sorprendió mojándome levemente el rostro. Vi el guarecer de las aves entre los árboles.
Imaginé su búsqueda sobrevolando las calles como una de ellas, simplemente disfrutando de mi fantasía real.
Un horrible Sonido pegó de lleno en mi cerebro y de inmediato recordé que tenía el celular en el bolsillo.
Con una sonrisa nerviosa silencié la alarma. Amarilleé de realidad desplomado sobre el sillón
que me sumergía de lleno a ese universo chato de los hombres grises, obligados sistemáticamente a olvidase de vivir.