F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Amar no es fácil
Lo más importante de la vida es el amor
y, sin embargo, es un problema.
Existe un algo más que es destructor:
Existe el odio como pasión suprema
Porque no es sólo amar:
Amar y odiar: es el dilema.
Si fuera amar tan fácil…
no habría guerras
ni gente despreciada…
ni hambres, ni miserias…
ni niños cubiertos de lágrimas
ni tanta pobreza,
ni gentes desgraciadas
que olvidan juramentos y promesas
y viven angustiadas
segando muchas veces la luz de sus parejas.
Indudablemente, amar no es fácil.
Deslumbra la frescura que te llega
un día de ilusión,
mas luego, sin embargo, apenas
persiste la constancia del amor
la lucha cotidiana te maneja,
te absorbe, te maltrata, te aniquila,
te confunde, te cansa, te marea…
y surge la otra parte de nosotros
aquella que se harta de ceder, y se rebela…
que vive de egoísmo,
que se impacienta
y no sabe sufrir, ni comprender…
¡y siempre arrolla con la misma fuerza!
El amar no resulta fácil
y es porque el odiar, machaconamente, no ceja.
Decidme: ¿no es verdad que con cada segundo de la vida
nuestra muerte se acerca?
¿Y que nada nos será necesario en el otro mundo?
¿para qué enfrascarse en peleas
si nada servirá después?
¡Dios mío! alumbra estas tinieblas
que a tantos nos embarga
sin que la luz se vea.
Yo sé que existe un único remedio:
el que nos hace ver la luz de las estrellas
y es el de dar, ¡dar siempre!, siempre; porque amar es dar,
es siempre entrega.
Y es por egoísmo puro: porque recibe siempre mucho más
aquel que da, que el receptor de la ofrenda
Yo bendigo este egoísmo nuestro, que es
¡¡satisfacción suprema!!
No obstante, si fuese fácil amar
¡cuántos dolores desaparecerían de la faz de la tierra!
Lo más importante de la vida es el amor
y, sin embargo, es un problema.
Existe un algo más que es destructor:
Existe el odio como pasión suprema
Porque no es sólo amar:
Amar y odiar: es el dilema.
Si fuera amar tan fácil…
no habría guerras
ni gente despreciada…
ni hambres, ni miserias…
ni niños cubiertos de lágrimas
ni tanta pobreza,
ni gentes desgraciadas
que olvidan juramentos y promesas
y viven angustiadas
segando muchas veces la luz de sus parejas.
Indudablemente, amar no es fácil.
Deslumbra la frescura que te llega
un día de ilusión,
mas luego, sin embargo, apenas
persiste la constancia del amor
la lucha cotidiana te maneja,
te absorbe, te maltrata, te aniquila,
te confunde, te cansa, te marea…
y surge la otra parte de nosotros
aquella que se harta de ceder, y se rebela…
que vive de egoísmo,
que se impacienta
y no sabe sufrir, ni comprender…
¡y siempre arrolla con la misma fuerza!
El amar no resulta fácil
y es porque el odiar, machaconamente, no ceja.
Decidme: ¿no es verdad que con cada segundo de la vida
nuestra muerte se acerca?
¿Y que nada nos será necesario en el otro mundo?
¿para qué enfrascarse en peleas
si nada servirá después?
¡Dios mío! alumbra estas tinieblas
que a tantos nos embarga
sin que la luz se vea.
Yo sé que existe un único remedio:
el que nos hace ver la luz de las estrellas
y es el de dar, ¡dar siempre!, siempre; porque amar es dar,
es siempre entrega.
Y es por egoísmo puro: porque recibe siempre mucho más
aquel que da, que el receptor de la ofrenda
Yo bendigo este egoísmo nuestro, que es
¡¡satisfacción suprema!!
No obstante, si fuese fácil amar
¡cuántos dolores desaparecerían de la faz de la tierra!
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