demonio de una mente
Poeta asiduo al portal
Sosegados aullidos se abalanzaron sobre mí,
y navíos de romance cortaban mis venas,
hasta que navegando un océano rojo, yo sentí,
llegar a una isla de pan y de azucenas.
Miles de valkirias bebían de mi linaje carmesí,
y penaban cien ejércitos de magdalenas,
pero mi vista tan solo era sepultada en ti,
entre tantas, hadas, ninfas, musas y sirenas.
Sobre un lecho sangriento, tu reposabas allí,
donde menguantes lunas, con tu sonrisa llenas,
y entonces por entre tu sueño yo me entrometí,
pues ya se agotaba la sangre de mis venas.
Y en aquella rivera sangrienta donde yo te vi,
era tu vista halagos, y era condenas,
pues entre su belleza tu mirada era baladí,
al saber que poca sangre quedaba apenas.
Desangrabas a mi tímida soledad cuando te vi,
y mientras galopaban las horas más serenas,
merodeando en tu más placentero beso, yo sentí,
que no habría muerte, que no habría condenas.
y navíos de romance cortaban mis venas,
hasta que navegando un océano rojo, yo sentí,
llegar a una isla de pan y de azucenas.
Miles de valkirias bebían de mi linaje carmesí,
y penaban cien ejércitos de magdalenas,
pero mi vista tan solo era sepultada en ti,
entre tantas, hadas, ninfas, musas y sirenas.
Sobre un lecho sangriento, tu reposabas allí,
donde menguantes lunas, con tu sonrisa llenas,
y entonces por entre tu sueño yo me entrometí,
pues ya se agotaba la sangre de mis venas.
Y en aquella rivera sangrienta donde yo te vi,
era tu vista halagos, y era condenas,
pues entre su belleza tu mirada era baladí,
al saber que poca sangre quedaba apenas.
Desangrabas a mi tímida soledad cuando te vi,
y mientras galopaban las horas más serenas,
merodeando en tu más placentero beso, yo sentí,
que no habría muerte, que no habría condenas.