Antares
Poeta adicto al portal
La muerte salía por sus ojos.
Tenía miedo a mirarse en los espejos,
rechazaba ese rostro
que no sentía suyo.
Sabía que nada quedaba por hacer
cuando se respiraba muerte.
Dejó atrás
la fase suplicante e interrogativa,
tardes lacrimosas
que no curan el dolor.
Decidió pensar que la vida en sí
era un instinto de no morir,
de aferrarse a la costumbre
de sostenerse en la intemperie.
Viaje terminante
donde sus actos le conducirían
o bien entre oropeles
o bien entre laureles.
Final de la propia materia
en su último estertor
y la luz en otro horizonte.
Su cuerpo que le fue prestado
es devuelto a la tierra,
polvo que se mezcla entre orozuz.
Summum desde la supraconsciencia
le sea permitido deambular
en otra dimensión etérea.
Tenía miedo a mirarse en los espejos,
rechazaba ese rostro
que no sentía suyo.
Sabía que nada quedaba por hacer
cuando se respiraba muerte.
Dejó atrás
la fase suplicante e interrogativa,
tardes lacrimosas
que no curan el dolor.
Decidió pensar que la vida en sí
era un instinto de no morir,
de aferrarse a la costumbre
de sostenerse en la intemperie.
Viaje terminante
donde sus actos le conducirían
o bien entre oropeles
o bien entre laureles.
Final de la propia materia
en su último estertor
y la luz en otro horizonte.
Su cuerpo que le fue prestado
es devuelto a la tierra,
polvo que se mezcla entre orozuz.
Summum desde la supraconsciencia
le sea permitido deambular
en otra dimensión etérea.
Última edición: