AZIF-AL-DAHNA
Poeta adicto al portal
Aliento de Fuego
Esta noche sulfurosa por fin
tu presencia fantasmal ha liberado
al dragón que yacía encadenado
maldito y condenado
a dormir en lo profundo de mi alma.
Mi espíritu se agita sin calma
y el sol se escabulle temeroso,
malherido, tembloroso,
incapaz de presentarme la batalla.
¡Cobarde sin agallas!
que se aleja ensangrentado hacia el ocaso.
Quizás recuerde acaso
que su fuego es incapaz de incinerarme.
Sobrevuelo en los abismos de mi mente
persiguiendo en la memoria tu recuerdo.
¡Algo vivo!, ¡algo muerto!
que me ayude a soportar esta locura.
¡Qué tortura!, no hallo cura,
que me pueda liberar del pensamiento.
No te miento
mi cordura, pura y dura
se sublima en un instante
cuando cerca yo te siento y te presiento
los latidos
y me arrojo tras tus pasos cual dragón enfurecido
y sólo encuentro
letras vanas, espejismo y poesías
y un idiota que se ufana
en ser tu dueño,
¡Ni en sueños!, ¡eres mía!
porque libre te entregaste a la pasión y la osadía.
¡Tú eres mía!, ¡lo juraste!
sin decir una palabra pues tú sólo me miraste
y desvarío
porque supe
que tu amor es sólo mío y que no existe quien ocupe
mi lugar, sin dudar
y me lanzo hacia los cielos otra vez para volar
a tu hogar.
-¡Ya detente!-
Es un trueno de tu alma que me grita de repente.
-¡Ya no sigas!-
Y te veo
entre nubes amatistas, ataviada del deseo
y es entonces
que mi pecho se inflama de pronto
cuando estrecho tu cuerpo en mis brazos
y comienza a temblar como un tonto
al montarte en mi crudo regazo.
Pues tu beso es de pura tormenta
y mi beso es aliento de fuego,
con mi lengua de llama violenta
que en tu boca comienza este juego.
Y tú que dibujas
feliz en mi espalda,
un río bullente
de lava que escalda
con uñas ansiosas, de brillo escarlata.
Mis garras argénteas, cual rayo de plata
¡desprenden tu falda!
y tú flotas, te desatas
en un huracán de pasión desenfrenada
tú me azotas
y rescatas,
me derrotas
y me matas.
Esta noche sulfurosa por fin
tu presencia fantasmal ha liberado
al dragón que yacía encadenado
maldito y condenado
a dormir en lo profundo de mi alma.
Mi espíritu se agita sin calma
y el sol se escabulle temeroso,
malherido, tembloroso,
incapaz de presentarme la batalla.
¡Cobarde sin agallas!
que se aleja ensangrentado hacia el ocaso.
Quizás recuerde acaso
que su fuego es incapaz de incinerarme.
Sobrevuelo en los abismos de mi mente
persiguiendo en la memoria tu recuerdo.
¡Algo vivo!, ¡algo muerto!
que me ayude a soportar esta locura.
¡Qué tortura!, no hallo cura,
que me pueda liberar del pensamiento.
No te miento
mi cordura, pura y dura
se sublima en un instante
cuando cerca yo te siento y te presiento
los latidos
y me arrojo tras tus pasos cual dragón enfurecido
y sólo encuentro
letras vanas, espejismo y poesías
y un idiota que se ufana
en ser tu dueño,
¡Ni en sueños!, ¡eres mía!
porque libre te entregaste a la pasión y la osadía.
¡Tú eres mía!, ¡lo juraste!
sin decir una palabra pues tú sólo me miraste
y desvarío
porque supe
que tu amor es sólo mío y que no existe quien ocupe
mi lugar, sin dudar
y me lanzo hacia los cielos otra vez para volar
a tu hogar.
-¡Ya detente!-
Es un trueno de tu alma que me grita de repente.
-¡Ya no sigas!-
Y te veo
entre nubes amatistas, ataviada del deseo
y es entonces
que mi pecho se inflama de pronto
cuando estrecho tu cuerpo en mis brazos
y comienza a temblar como un tonto
al montarte en mi crudo regazo.
Pues tu beso es de pura tormenta
y mi beso es aliento de fuego,
con mi lengua de llama violenta
que en tu boca comienza este juego.
Y tú que dibujas
feliz en mi espalda,
un río bullente
de lava que escalda
con uñas ansiosas, de brillo escarlata.
Mis garras argénteas, cual rayo de plata
¡desprenden tu falda!
y tú flotas, te desatas
en un huracán de pasión desenfrenada
tú me azotas
y rescatas,
me derrotas
y me matas.
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